Blog 
100 días de soledad
RSS - Blog de José Díaz

El autor

Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


Archivo

  • 09
    Noviembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Oviedo asturias

    "No sé dónde estará mi límite físico"

    Lunes 9 de noviembre. Día sesenta

    Estoy desayunando muy fuerte, pues hasta la cena no volveré a la cabaña y no puedo meter más en la mochila que unos frutos secos, va al límite. Es totalmente de noche cuando salgo en dirección a la Cabeza de Arco. Es la montaña, en cuanto a forma se refiere, que más me gusta del parque. Además, está aislada, no como muchas otras, casi la mayoría, que están formando parte de una cadena o cordillera. Su cara sur es casi un triángulo perfecto, muy inclinado y sin un solo árbol. En cambio sus otras caras están cubiertas por espesos hayedos. Yo voy a entrar por su cara sur y la subiré por la noroeste, en donde hay grandes paredes calizas frecuentadas por rebecos.

    Ya en el principio de la subida, vi un rebeco joven con las patas de adelante deformadas, aunque se manejaba bastante bien. Estaba en la parte baja con su madre, pero tardaron poco en desaparecer por una arista. Me amaneció en plena ascensión poco antes de empezar a subir el tramo final. Me paré un buen rato a filmar dos grupos de rebecos que ascendían por unas paredes casi verticales. A uno de ellos pude hacerle una larga toma de todo su ascenso, unos 300 metros de desnivel, calculo yo, que salvó en un par de minutos.

    Cuando me asomé en la cima volví a impresionarme con las bellísimas vistas de este pico, como siempre me pasa cuando lo asciendo. Debí estar más de cuatro horas en ella, que me supieron a poco. Vi pasar varios grupos más de rebecos, varios de los cuales no percibieron mi presencia. Tanto la vista desde mi cabaña hacia aquí, como viceversa, son únicas y muy directas. Desde allí esta montaña destaca como ninguna y desde aquí, mi valle, no se si será por lo mucho que me gusta, es el mas bonito de todos los que se ven.

    Cuando el sol ya estaba a punto de esconderse, me tiré abajo a toda máquina, para no llegar de noche a la cabaña. Pasé por el punto de intercambio a recoger lo que me habían dejado y subí el resto del trayecto al mismo ritmo. Sin abrir la cabaña fui a dar la cena a Atila, cerré las gallinas y me di una anestesiante ducha. Lo de hoy es cansancio, es extenuación. No sé dónde estará mi límite físico, pero no muy lejos de donde llegué hoy.

    Tengo carta de Marijose, pero voy a terminar todo lo que tengo que hacer y la dejo para la cama. Me apetece dormirme pensando en ellos y no en Thoreau, el culpable de que hoy me encuentre aquí. su libro Walden, fue realmente el que me inspiró para embarcarme en esta aventura.

     

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook