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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 11
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Ojalá tenga la suerte que creo que merezco"

    Miércoles 11 de noviembre. Día sesenta y dos

    Llegué al pueblo elegido para la espera antes de amanecer. No hacía frío, pero todavía faltaba que pasara un rato para llegar al momento crítico, cuando empieza a iluminarse todo. Dormí muy mal, la noche se me hizo eterna. No sabiendo orientarme en el tiempo, tuve que encender la cámara para ver qué hora era y me hundí cuando vi que era las 12.30 de la noche.

    La espera fue fallida, qué se va hacer, sólo vi unos rebecos y un venado. A las tres o cuatro horas volví a la cabaña a llevar a Atila a un arroyo a beber. Sin pensarlo dos veces, volví a salir en busca de los rebecos que había visto hacía unas horas. Me situé en un lugar no apto para personas con vértigo y me senté a esperar. Pasaron unas horas sin ningún movimiento pero al final aparecieron pro la arista cuatro rebecos. Me vieron sobre la marcha y echamos un pulso a ver quien se movía menos y yo les gané. Debía estar más de una hora casi sin pestañear. Al final se convencieron de que lo que veían era algo inerte. Avanzaron hacia mí y se colocar a comer a menos de 25 metros, les hice unas muy buenas tomas, quizás las mejores hasta ahora.

    Volví cuando el sol ya no daba en esta zona y gracias a este encuentro la vuelta se me hizo llevadera, mi sistema músculo-esquelético estaba colapsado. Me dolían hasta los ojos de tantas horas oteando el terreno en busca de algún animal.

    Decidí encender un fuego, aunque me daba mucha pereza, solo para calentar una sopa y el puré de fabas. necesitaba alimentarme para poder continuar en pie.

    Preparé la mochila de mañana y a la cama a dormir, que simplemente consiste en quitarle las botas y dejarte caer de espaldas en donde esta cenando. Todo es uno, salón, comedor y habitación.

    Mañana otra espera de lobo, que bien me vendría que fructificase y así poder bajar para La Fresnosa. Además, ya solo me queda una tarjeta de memoria y una batería, ojalá tenga la suerte que creo que merezco, al menos por el esfuerzo y sacrificio que conlleva este reto.

     

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