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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 30
    Octubre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Penúltimo día de mi segundo mes"

    Viernes 30 de octubre. Día cincuenta

    Penúltimo día de mi segundo mes. Ya suena de otra forma, noviembre, casi dos meses después de cuando me vine.

    Hoy voy a intentar hacer la primera espera de amanecer aquí abajo. Va a ser duro aguantar el frío. Voy sin desayunar para que dentro de tres o cuatro horas, cuando vuelva congelado, me preste más el desayuno caliente.

    Al final ni frío, ni bichos, ni nada, solo viento y más viento. Van unos cuantos días seguidos y no cesa. Ya no tengo disculpa, voy a recoger las patatas que me quedan. Me daba pereza, pero una vez a ello tampoco es tan pesado. De repente, cuando llevaba tres o cuatro horas en la huerta oí un helicóptero a lo lejos, pero éste me dio la sensación de que venía hacia aquí y no me equivoqué. Fue una emocionante sorpresa ver aparecer el aparato por mi territorio y romper un poco la soledad que por este lugar reina. Curiosamente, aunque hizo cinco o seis pasadas por encima, filmando alguna de ellas muy cerca de mí, seguí sintiéndome solo. Yo no podía distinguir a través de los oscuros cristales de la cabina quién iba dentro. Tampoco les escuchaba, evidentemente, con lo que sabía que ellos me estaban viendo pero nada más. Cuando se marcharon me empecé a preguntar quién iría dentro. Joaquín Gutiérrez Acha, una eminencia en el mundo de los documentales, debería ser uno de ellos. Sé que quería conseguir unas tomas de la cordillera Cantábrica en el otoño para un documental que está haciendo. También estaría mi productor y amigo José María Morales, y quizá el codirector de este proyecto, Gerardo Olivares. ¿Iría alguien de mi familia? ¿Me habrán visto sin yo saberlo? Esta pregunta me rondó la cabeza toda la tarde.

    No dejé de escuchar al helicóptero en todo el día. Es como si volviese. De hecho, cuando hacía otra ruta de tarde, creí oírlo con claridad, y como estaba dentro del bosque, corrí hacia el claro más cercano. Con las prisas tuve una buena caída, aparatosa, pero sin más trascendencia que un huevo que me salió en la nuca, de un golpe con el trípode que iba en mis hombros.

    El atardecer me mantuvo expectante durante un buen rato disfrutando de un cielo que parecía arder. Si llego a tener más cámaras las hubiera puesto también a trabajar. Filmé con la Go-Pro, la Canon y la grande de cine. Fue uno de los anocheceres más espectaculares que recuerdo de toda mi vida, que ya son unos cuantos.

     

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