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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 01
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    Tengo miedo que los ratones descubran los tres sacos de patata

    Domingo 1 de noviembre. Día cincuenta y dos

    Tengo miedo que los ratones descubran los tres sacos de patata

    Debían ser las 6 o 7 de la mañana y yo estaba subiendo por el bosque del Cobo hacia Castiello Vallejo. De repente, no sé por qué, me entraron dudas. Era de noche, un grupo de jabalíes se cruzó de repente conmigo, hacía mucho frío… y yo, subía con una mochila que parecía llevar piedras, por una zona complicada, un día de fiesta en el que en el que se supone debes estar con la familia. La verdad, no me duró mucho ese momento confuso, simplemente lo dejé pasar, como tantas otras veces suelo hacer. Cuando se tiene un sueño y está al alcance hay que realizarlo, siempre y cuando no sea a costa de perjudicar a alguien. Si no es así, qué hacemos en este mundo, ¿sólo comer, dormir y trabajar?

    Llegué al Castiello un poco antes del amanecer, pero al montar el equipo hice algún ruido que espantó a los rebecos que pacían en la majada. Aún así, pude más tarde hacerles algunas tomas en la otra cara del pico, donde se refugiaron.

    La bajada la hice por el otro lado de la montaña, un bosque sombrío y muy inclinado. Llevaba la cámara montada con el trípode sobre el hombro y tuve traspiés, patinazo y tropezones a cientos, pero milagrosamente no caí ni una sola vez. Había tantas y tantas hojas que no se veían los agujeros, las rocas y las ramas que había en el suelo. Ya casi abajo, paré a hacer unas tomas en el lugar que más me gusta de Redes. Es un rincón donde confluyen dos cauces de dos arroyos bellísimos, que además, si coincide un momento en que entren unos rayos de sol, convierte el lugar en el paraíso. Así estaba hoy, como esperando a que yo viniese a retratarlo.

    Según llegué a la cabaña, me di una ducha, abrí a las gallinas, preparé una bolsa con algo de comer y me marché a hacer una espera. Hacía un día tan bueno que no quería perder un solo momento.

    Tardó muy poco en oscurecer, lo cual me sorprendió, pues no pensaba que la vuelta al Castiello me había llevando tantas horas.

    Mañana tengo que bajar al punto de intercambio a Atila. Los tres sacos de patatas no los necesito y tengo miedo que los descubran los ratones y me las coman. Los bajaré junto con dos docenas de huevos, unas castañas y el disco duro.

    Aprovecharé a subir cargado mañana de manzanas para el tiempo que me queda. A dos que como al día, más las pérdidas, con 100 me serán suficientes. A ver si todavía quedan.

     

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