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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 12
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Tengo miedo que me enfadase con la cámara para siempre"

    Jueves 12 de noviembre. Día sesenta y tres

    Hoy probé a situarme en el collado donde voy a repetir la espera del lobo una hora antes de amanecer, a ver qué pasa. Tuve que ir dando pasos lentos para no tropezar y caerme. No se veía nada de nada, pues no había luna y yo caminé sin frontal para que no se viese de lejos movimiento. Una vez llegué (bueno eso lo comprobé cuando empezó a verse algo), empecé a ejercitar la paciencia de nuevo. Pasaron varias horas y no vi ni un solo movimiento de los lobos, aunque me valía que fuera algo lejano. Volví a grabar algún venado y una pareja de corzos que salieron a desayunar a la mayada. Cuando vieron a Atila, que pacía también en ellas echaron a correr, con esa sucesión de saltos acrobáticos, y no pararon hasta perderse por una loma lejana. Al final esta toma me compensó la larga espera.

    Tenía pensado quedarme algún más pero las tarjetas están casi llenas y solo me queda un cuarto de batería. Quiero no pensar que sentiría si me saliese un lobo y se me terminase una de las dos cosas. Tengo miedo que me enfadase con la cámara para siempre.

    Bajamos Los Arrudos muy bien, sin ningún contratiempo, y llegamos la Frenosa cuando ya no daba el sol en este valle. ¡Qué frío hacía! Cuando deshice el equipaje, que me llevó casi una hora y llevé a Atila al otro lado del río, me di una ducha de las que empiezan a hacer daño. Me empezó a doler la cabeza cuando jaboné el pelo, y no fue lo único que me dolió.

    Me preparé una buena comida, para compensar la de estos días, preparé y acopie algo de leña para encender la cocina y me puse a hacer un bizcocho. Como no fue capaz de subir la temperatura del horno hasta pasados unas horas, algo pasó con la mezcla, que cuando lo metí en el horno tardó poco en quemarse. Ya puesto, me animé a intentarlo de nuevo y esta vez sí salió bien. Después de más de dos meses acostumbrado a desayunar bien, no quiero perder el hábito.

    Ya de noche, guardé las gallinas, les puse agua y cogí los huevos de estos días, que estaban amontonados en el cajón. Pusieron 14, aunque uno no llegó a salir del galllinero, se me cayó y se lo comieron en segundos. Espero que no se acostumbre y empiecen a picotear alguno.

    Qué ganas tengo de meterme en mi cama, en la que entro bien, sin tener que doblar las piernas y no está congelada, puedo dormir sin plumas.

    Mañana había pensado en descansar un poco, pero ya estoy empezando a pensar en algún plan distinto, igual subo a La Carricera, una preciosa majada con buenas vistas, a inspecionar huellas y señales del movimiento del lobo por esa zona. Voy a llevar el drone para aprovechar a algunas tomas de la zona.

     

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