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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 30
    Septiembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Vaya frío que pasé esta noche"

    Miércoles 30 de septiembre. Día veinte.

     

    Vaya frío que pasé esta noche. ¿Sería el sueño que me mantuvo cerca del agua acordándome de los puñeteras angulas?

    Hoy desayuno de siempre, pero con un nuevo ingrediente, miel del Escobal. Entra las manzanas, las nueces, el zumo de naranja y limón, el polen, los cereales y la miel voy a convertirme en el tío más saludable de este deshabitado valle.

    Después, un poco de escritura y lectura al solín, que ya empieza a alejarse de mi cabaña (cada día da menos por la sombra que proyecta la sierra de Corteguero, llegando a no dar nada desde mediados de noviembre hasta febrero) y acabaré añorándolo.

    Antes de la salida de hoy, que será de tarde, voy a cocinar las lentejas que tengo a remojo.

    Recogí en la huerta puerro y patatas, y en la nevera del río un calabacín y acelgas, también de cosecha propia, a la vez que aproveché el viaje para hacer una visita a Atila.

    Mientras se cocinaban me senté afuera a contemplar la lluvia de hojas que ya empezó y seguirá durante el próximo mes. Son millones y millones que pasarán de ser quienes captan la energía del sol, como alimento, a que ellas mismas, en forma de humus parte del futuro alimento del bosque.

    Al final fue puré lo que hice con el popurrí de ingredientes de la olla, en cantidad tan importante que ya tengo solucionadas varias comidas más. Estaba muy bueno y me metí entre pecho y espalda un plato a rebosar, lo cual no hizo porque estaba tan espeso como rico.

    La salida relajada que empecé tuve que cancelarla cuando a menos de un kilómetro de la cabaña empezó a tronar, haciéndome recordar una advertencia que me habían hecho unos días antes, y era que si una gallina empollaba huevos, y durante esa fase tronaba, nos alían adelante  los pollos salvo que se colocara algo metálico bajo el nido. Sin intentar buscarle una explicación lógica, así hice, pensando en que mañana se cumplirán los veintiún días desde que se colocó sobre ellos, y tenía mucho interés en conseguir filmar la eclosión de los huevos.

    Acabé con las tareas informáticas y me concedí otra buena cena, un manjar: croquetas con una tortilla francesa. Tras ella me senté por primera vez frente a la chimenea a leer. Cojí a Thoreau y busqué en su libre Walden el párrafo con el que quiero, y es lo único que tengo absolutamente claro, que comience el documental. Desde que las leí hace ya varios años, y más ahora desde que estoy aquí buscándole un sentido a esta locura me identifico totalmente con ellas. Para si hay alguien en el mundo a quien conozcoa y no se las he dicho aprovecho la ocasión para hacerlo, es que me entusiasman. Dicen así: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar esto los hechos esenciales de la vida y ver que era lo que tenían que enseñarme –y aquí viene lo contundente- no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido”.

    Me voy a dormir que si no voy a enlloquecer.

     

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