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100 días de soledad
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Blog 100 días de soledad - José Díaz

José Díaz

José Díaz encontró en el Parque de Redes las puertas de un paraíso íntimo. Fue hace diez años cuando localizó una cabaña que le abrió las veredas de uno de los parajes donde seres humanos, fauna y vegetación mantienen suscrita la vieja alianza del equilibrio y del respeto

Sobre este blog de Asturias

Intentaré recluirme en mi cabaña durante un largo periodo de 100 días, siendo autosuficiente y desonectándome absolutamente del mundo real y sus avances. No tendré electricidad, ni móvil, ni televisión, ni ordenador, ni reloj... Solo yo con la naturaleza


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  • 10
    Noviembre
    2015

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    Oviedo asturias

    "Voy a dormir con miedo a moverme para no mover el polvo"

    Martes 10 de noviembre. Día sesenta y uno

    Estoy en la Majada de Castiellu, pero no es la misma que está cerca de mi cabaña. Esta se encuentra muy perdida en el monte. Vengo a pasar unos días con la intención de filmar al lobo. Por este lugar transita casi todos las noches, es uno de los pasos más habituales que utiliza. En el collado que preside la majada, está ubicada la cabaña de Agustín, que es donde me quedaré. Si el cambio de mi casa a mi cabaña es muy grande, el de mi cabaña a esta es mucho mayor. Las medidas interiores no pasan de 1,70 metros por 2,20 metros. En esta superficie está el camastro de 1,70x2,20 metros, que es un colchón encima de unas tablas, y la meseta de la chimenea, que tiene unos 50 centímetros de fondo. O sea, que de zona transitable nos quedan 1,70 metros por 50 centímetros, quitando de aquí el barrido de la puerta. Es un cabaña que ya casi no se utiliza, por lo que dentro sólo hay bolsas y bolsas de veneno de ratones roídas y esparcidas.

    Como veis, voy a dormir plegado, congelado (no voy a atizar para no delatar mi presencia) y con miedo a moverme para no mover el polvo envenenado. No parece un buen plan, pero si consiguiera alguna toma de lobo, me daría pro satisfecho.

    De comer traigo dos latas de paté, un trozo de queso, frutos secos y puré de fabas, que tendrá que comerlo frío.

    Ya estoy en la cama, no hay otra cosa que hacer aquí dentro, vestido con marianos, calcetines de esquí, y el plumas con capucha. Traje una manta y un edredón para intentar no pasar mucho frío, a ver si lo consigo.

    La soledad de este lugar es aterradora. Sólo se escucha el viento que sube por el valle y se escapa por este collado. No quiero pensar mucho en la situación en la que estoy, a lo mejor me entra el miedo.

    Voy a dormir, o al menos intentarlo, once horas, hasta un poco antes de amanecer que subiré a una loma donde ya dejé el trípode colocado y disimulado con una tela de camuflaje. A ver si mañana soy capaz de encontrarlo totalmente a oscuras. Iré sin luz.

     

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