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A LAS PRUEBAS ME REMITO
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Blog A LAS PRUEBAS ME REMITO - Guillermo  Díaz Bermejo

Guillermo Díaz Bermejo

Jubilado, exdirectivo de una empresa financiera multinacional, experto en derecho de las nuevas tecnologías.

Sobre este blog de Sociedad

El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.


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  • 24
    Noviembre
    2016

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    SOCIEDAD
    Oviedo

    LO QUE SE AVECINA

    Los casi ocho años que ha durado la crisis económica que hemos vivido en España, han provocado importantes y graves consecuencias tanto para nuestra economía, como para nuestro estado de bienestar e incluso para la clase política. En este momento, nos estamos enfrentando a situaciones verdaderamente preocupantes, como son el fuerte incremento de la deuda pública o la inviabilidad de nuestro sistema de pensiones, e incluso también las consecuencias de una crisis económica global de los países emergentes, que puede contagiarse a los países desarrollados, entre los que se encuentra nuestro país. Son varias las alarmas que han saltado y que de modo riguroso deberían provocar una urgente intervención del Gobierno que ahora inicia su legislatura.

    El nuevo Gobierno tendrá que demostrar mucha cintura para negociar con todos y empezar a cambiar nuestro modelo de Estado para conseguir que seamos más eficientes, para reducir la deuda pública, para reducir el aun alto nivel de desempleo, para garantizar nuestro sistema de pensiones que al irse vaciando la llamada hucha de las pensiones, está entrando cada día en mayor riesgo. Este nuevo gobierno no puede seguir fiandolo todo a nuestro buen crecimiento económico, porque además de que se está ralentizando, puede volver a atravesar por serios problemas y deberíamos de estar preparados para atajarlos antes de que se planteen.

    Otra cuestión que no supieron o no quisieron resolver, tanto el gobierno del Sr. Rajoy, como antes el del Sr. Zapatero, es el peligro y el riesgo sistémico de los bancos de gran tamaño, que a su vez están interconectados con el sistema financiero mundial. En el año 2008 se decía alto y fuerte que “este banco o esta caja son demasiado grandes para caer” y muchos cayeron. El gobierno del Sr. Zapatero, que alardeaba de estar en la liga de campeones de nuestras entidades financieras, salió al paso para rescatar cajas de ahorro quebradas y el propio Banco de España, desoyendo totalmente los informes de sus técnicos, permitió de modo vergonzante, la salida a bolsa de Bankia, con las consecuencias tan desastrosas que esta decisión trajo consigo, además de la enorme factura que hemos tenido que pagar todos los contribuyentes para financiar ese rescate.

    Después de Zapatero, el gobierno de Rajoy, contrariamente a lo que había que hacer para reducir ese riesgo sistémico, estuvo propiciando que se produjeran nuevas fusiones, lo que en algún modo hace que estemos entrando en un claro oligopolio bancario. Analistas tanto nacionales como internacionales llevan anunciando el proceso de nuevas fusiones bancarias. Y en este momento, por todo lo que podemos leer y ver, la concentración bancaria está siguiendo paso a paso, de modo que los bancos españoles serán menos de diez, lo que nos lleva sin duda a un grave problema de riesgo sistémico, por la oligopolización del mercado bancario.

    Sólo tres bancos, Santander, BBVA y Caixa, superan con creces el 50% de la cuota de mercado española. En cambio, en 2008 catorce entidades tenían esa cuota y había del orden de cincuenta bancos y cajas operando en el mercado. La concentración, pues, es más que evidente. Según dice FUNCAS, la cuota de mercado de los cinco primeros bancos españoles, llega al 58%, una concentración que supera con creces al 47% de Francia, al 40% de Italia o al 38% del Reino Unido, y casi duplica el 31% de Alemania que tiene un mercado bastante disperso por el peso que tienen las cajas regionales y locales.

    Si pensamos mal, igual a nuestros dirigentes políticos les interesa esta oligopolización, porque si las cosas vienen mal dadas, con una simple instrucción podrían conseguir, por ejemplo, la apertura de un corralito financiero, sencillamente dando la orden de que los cajeros no dejaran extraer más de 100€ a la semana, medida esta que sería muy difícil de aplicar si en el mercado hubiera muchos bancos operando. O, si seguimos pensando mal, igual interesa apoyar a los grandes bancos amigos, para de este modo evitar la competencia interbancaria que sin duda, a quien favorecería es a los clientes que podrían tener más capacidad de elección. Los grandes bancos siguen ganando y los clientes y ahorradores, además de recibir interés 0 por sus depósitos, pagan todo tipo de comisiones por los servicios que reciben.

    En este momento, si nuestro gobierno pretende mantener un buen crecimiento económico, va a tener que hacerlo siguiendo incrementando la deuda pública, ya que por la vía de incrementar el consumo de los ciudadanos, ya no va a ser posible, tanto por tener salarios más bajos como por el nivel de desempleo que tenemos. Cada vez somos más viejos, cada vez percibimos menos salarios y cada vez cobraremos menos pensiones.  Los consumidores que ayer éramos la generación de los baby boomers y que provocábamos el crecimiento económico, hoy somos los jubilados y tenemos menos ingresos, provocando además que de ser pagadores de impuestos, pasemos a ser receptores de prestaciones. Hemos de añadir a todo esto que, además de estar perdiendo población de modo imparable, los ciudadanos, debido a los avances de la medicina, vivimos muchos más años, algo que implica incrementar los presupuestos del sistema de salud y el sostenimiento de las pensiones de cada vez más jubilados. Y por si todo esto fuere poco, la automatización y robotización de los medios de producción, también provocará la pérdida de puestos de trabajo. Evidentemente algo no cuadra.

    Sin lugar a duda, necesitamos que este nuevo Gobierno consensúe y aplique políticas económicas valientes, que cambien nuestro modelo de Estado, que permitan la reducción del déficit público y al tiempo que mantengan nuestro estado del bienestar. Paralelamente necesitamos políticas fiscales valientes que traten de incrementar la recaudación con métodos más eficientes y por supuesto, sin incrementar los tipos impositivos de los ciudadanos.

    Frente a estas oscuras incertidumbres y los riesgos que se vislumbran, hoy más que nunca necesitamos que los políticos dejen a un lado sus intereses personales y de partido, y en beneficio de todos los ciudadanos, empiecen a aplicar las medidas que sin lugar a duda son necesarias. La tarea no es fácil y por eso se necesita de ellos auténtico compromiso.

     

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