Blog 
A mi ritmo
RSS - Blog de Miguel Martin

El autor

Blog A mi ritmo - Miguel Martin

Miguel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. A ver qué tal si digo que trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, pero feliz consolándome con obras de aficionado, escuchando música y queriendo a mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más. Digamos que son unas "memorias" con banda sonora.


Archivo

  • 06
    Marzo
    2017

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Cultura
    Música
    punk. subnopop

    De la nada al mito en 24 minutos

    Cuando me atreví a escribir sobre lo que la música es para mí, perdí el sueño haciendo listas de canciones y artistas que me gustan, o que me llaman la atención de un modo u otro. Escribí con esmero un decálogo de intenciones disculpándome por no distinguir la clave de fa de la mortadela y explicando los motivos por los cuales me atrevo a hacer esto sin que se me caiga la cara de vergüenza. Así que bloqueado entre tanta paranoia filosófico musical, cha chán, "sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas" (ya me voy poniendo musical), me encontré, por pura casualidad, con la excusa perfecta para romper con todo tipo de formalismo, no sentirme mal por tirar el listado de intenciones a la basura y olvidar las excusas que había construido para evitar que los puristas y amantes del dato exacto me pudiesen pillar con el carrito de los helados. Cosa que por otro lado va a ser tarea fácil, porque tiro más de memoria que de Wikipedia y eso acaba notándose. 

    La música es una expresión de emociones plena, que estimula como ningún otro arte prácticamente todo el cerebro, pero que a fin de cuentas sirve para pasarlo bien. Y que nadie se desmelene gratuitamente, pero creo que si quieres pasártelo en grande, tienes que de cuando en cuando, pisar la línea de lo correcto, transgredir y sacar el gamberro que llevas dentro. Si hay un tipo de música que surgió fuera de toda norma y regla, que se expresa escupiendo al público y se atrevió desde el principio a romper con todo, diría que es el punk. El más que cuestionado Malcolm McLaren supo etiquetar, que no inventar por mucho que se quisiera colgar esa medalla, este género irreverente dándole un nombre, que tal vez se le ocurriese después de olerse los calcetines usados un rato. Porque tiene guasa llamar a un tipo de música "mierda". Total, que Malcom juntó a unos cuantos gamberros a los que pidió que aporreasen las cuerdas de la guitarra y se cagasen en todo. Vamos que montó una boyband de macarras y tirados, que por dieta tenían drogas, alcohol y algún que otro fish & chips, por eso de ir aguantando el tirón. Cuando ya tenía a los perros callejeros con correa, había que darle nombre al bicho, así que metió las palabras sexo y pistolas para mezclar el impulso más básico con algo violento y venga, a hacer historia sacando un solo disco, que te pedía que "no les tocases las pelotas". Pero lo que son las cosas, ahora es un clásico indiscutible y entretenidísimo, que todavía hoy vende miles de copias al año y que puede estar en la estantería de cualquier aficionado a la música, muy cerca del mismo Ígor Stravinski (si es que los tiene ordenados por órden alfabético, claro).

    Pero Mclaren no pudo inventar el punk si descubres gracias a Juan (un colega friki que parece que se cayó de pequeño en una marmita de discos y se lo sabe todo), que en el año 64, otro grupo de indocumentados peruanos robó los instrumentos de un camión militar y sin tener ni la más ínclita idea de tocar, se marcaron un temazo que se llama "Demolición" que cumple con todas las premisas del punk. Eran descarados, su "cantante" chilla y le chirría la voz como la polea de un pozo y su nombre suena a banda de desquiciados Los Saicos. A mí me parece una canción muy bailable, te sacude y es una digna antecesora a cualquiera de las que compusieron los que también son muy punks, imitados hasta la saciedad y también anteriores a los Sex Pistols, The Stooges. Pero este es otro tema, otro día. 

    Si el punk se caga en todo, ahora damos una vuelta más de tuerca y aquí se inventa el subnopop. Hace las mismas excreciones y además se ríe a carcajadas babeantes de sí mismo, sin olvidar el trasfondo de sátira social que tiene que tener toda buena canción "punkarra". Los inventores del subgénero, estos sí que se pueden atribuir el mérito, son los miembros de Ojete Calor. Un grupo que tiene canciones dignas de ser esculpidas en el mármol que debería usarse para erigir un monumento a la estupidez humana. Y es que hay que ser un genio para parecer tan, tan, pero tan tonto y sacarse del forro himnos cachondísimos como "0,60", "Tonta gilipó" o "Viejoven". Me autoproclamo oficialmente fan número dos, porque unos deben tener por legiones. 

    Es verdad que son sobrinos de Los toreros muertos, o de los siempre presentes Siniestro Total. Imposible no serlo. Sé que se les puede comparar con otras dos docenas de grupos. Pero amigos, es que estos son bebés que han mamado el poder de los medios y conocen lo que es hacer "el producto". Rizar el rizo de lo más bobo, hasta llevar de la nada al mito en 24 minutos a un grupo que nunca existió. Carlos Ojete y Aníbal Calor te meten el dedo en la llaga de la curiosidad y te presentan a Tu madre es puta, un grupo de chiflados que se supone fueron lo más en la post-movida madrileña de los 90 y que entre muchas locuras que podrás ver en video adjunto, hablan hasta tres idiomas distintos, siendo tres miembros en la banda. En este documental inventado (no estropeo nada, lo dice en el primer fotograma), son la expresión más extrema de todos los vicios que nuestro subconsciente musical asocia a la movida. Confieso que pocas veces me he reído tanto. Advierto que no es apto para menores. Se bajan el cielo en escalera mecánica y sin pudor se exhiben hasta el ridículo. 

    Así es la música. Sublime y absurda. Sorprendente.
    Por eso nos gusta tanto perdernos en su caos, o en su orden.
    Otro día más música... pero a mi ritmo.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook