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Blog A mi ritmo - Miguel Martin

Miguel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. A ver qué tal si digo que trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, pero feliz consolándome con obras de aficionado, escuchando música y queriendo a mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más. Digamos que son unas "memorias" con banda sonora.


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  • 16
    Marzo
    2017

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    Cultura
    Música
    tango
    Coque Malla
    Thievery Corporation
    Bill Whithers

    Entre Tangos y Malla está el consuelo

    Pensando en el sexo de los ángeles mientras le daba vueltas a esto de qué contar esta quincena, me he metido un empacho auditivo espectacular intentando estar a la altura y traer algo que llevarnos a las orejas que mereciese la pena. Pero de escuchar cosas sorprendentes, uno no se cansa. Estás empujando un rato la ruedita que mueve la máquina para pagar facturas, haces clic y luego otro clic y otro, hasta que la sorpresa te llega por otro lado, igual de impactante, pero algo más fea y desafinada. Así que todas esas frases que creía ingeniosas y que estaba dispuesto a soltarlas aquí y ahora, se quedaron en nada, cuando ayer recibí un mensaje de parte de alguien a quien aprecio sinceramente y con quien hablo y aprendo mucho de música.

    Me encantaría encontrar un listado de canciones que aliviasen aunque fuese un poquito el trago por el que está pasando, pero estoy seguro que tiene tanto ruido en la cabeza ahora mismo, que lejos de aliviar, tal vez provoquen el efecto contrario.

    Aun así me voy a atrever a buscar temas que moviendo la máquina del tiempo, puedan contar dentro de no mucho qué pasó, si es que merece la pena. Si con ello se levantan ampollas, entonces surtirán efecto y al pincharlas se curarán. Si no es así, me quedaré con lo que me dijo alguien cercano a esa persona, que aunque la conozco hace poco, se ha ganado todo mi respeto: "ojalá pudiese hacer una subasta a ver quien pujaba más". No faltarán postores, eso garantizado, ... no faltarán postores.

    Si Joni Michel ya cantaba “que no sabes lo que tienes hasta que se ha ido”, no soy quién para llevarle la contraria. Así que el que aún lo hace, tendrá que rumiar su miseria viviendo un tango hecho a medida, rasgarse la voz y seguramente confesar que hay equivocaciones y equivocaciones. Unas hacen que te afeites mal, el pelo crece y listo. Otras te clavan una punta en el alma. Esas tienen tirita, pero de las que se despegan todo el rato.

    Carlos Gardel es el tango. Cambió el canto descorazonado del burdel, que vestía trajes baratos y olía a pachuli, para llevárselo a los “otarios que toman champán de Armenonville en los reservados del Petit o del Julien”. Permítame Don Carlos contarle, que el amigo Bartrina de Malevaje, canta una versión preciosa de la historia de la mujer que visita esos reservados y a la que él sigue amando perdidamente: "Margot”. Gardel, untado en gomina hasta las cejas, describió el desamor, el despecho, la pérdida sin sentido, e hizo un análisis milimétrico del mundo en “Cambalache”, un tango que se puede poner sin problema de fondo en la celda de Bárcenas, en el pisito de lujo de Urdangarín, o en un chip intravenoso para "Los Gürtelianos", o tal vez en el subconsciente de un laaaaaargo etcétera de todo signo, color y condición. Creo que la letra de esta canción debería estar en los misales y entre las asignaturas obligatorias de los adolescentes.

    Si el dios en la tierra del tango fue Gardel, uno de sus apóstoles era Goyeneche "El polaco" . Con empeño, trincó el invento, lo estrujó igual que su propia vida y cuando al final ya mayor, apenas tenía voz y casi no podía cantar, recitaba ese "Cambalache" con una voz cavernosa, algo desafinada, pero igual de intensa. Su “balada para un loco” es un monumento, con el imprescindible Piazzola al acordeón. Mi amigo Mariano Adrados, argentino de Salto, y sí, odontólogo y del Boca Juniors, me lo presentó devotamente. Hasta me regaló una cassette que era de su padre. Cassette que, tranquilo Mariano, aún conservo y de cuándo en cuándo escucho recordando lo que pasamos en Irlanda. Prometí devolvértela el día que fuese a Argentina. Pero ese es otro tema, otro día. Ahora volvamos a escuchar su “Confesión” .

    No fueron todo caras largas. Con sorprendente entereza y apartando espinacas, esas sí, con desgana a la hora de comer, volvimos a hablar de música y de cosas que me gustaría que escuchase, porque “the show must go on” y da igual lo bueno que haya sido tu último concierto, tienes que empaquetar e irte a otro sitio a tocar tus melodías, porque haciendo eso, muchos nos pondremos muy contentos y tú,... también.

    Así que hablando llegamos a Coque Malla. Que sigue sorprendiendo después de toooooodo lo que grabó con Los Ronaldos. A estos pude verlos en las fiestas de San Mateo de Oviedo, cuando la banda presentaba su primer disco y Coque tenía bozo. Creo que fue ese álbum el que definitivamente me sacó de la tontería que tenía contra la música española. Hasta entonces y salvo rarísimas excepciones, la escuchaba frunciendo el ceño convencido de que era ñoña y facilona. Entonces llegaron ellos, aplicados seguidores de los Rolling Stones y con voz nasal cantaban aquello de que "me gustan las cerezas, me gustas tú", o “guárdalo con amor, guárdalo” y me demostraron que si sabes cómo, las rimas que parecen de "melón con jamón" no lo son, que suenan muy bien con el golpe de guitarra adecuado. Y Coque, después de desagrupados, que no separados Los Ronaldos (creo que de cuando en cuando se juntan y se dejan ver por ahí), sigue siendo un joven cuarentón, no envejece y ha encontrado como dejar de "sacar la lengua" y de pedir "más dinero a papá" para acariciarnos la orejas sacando discos tan sencillos en apariencia, como bonitos ThermonuclearLa hora de los gigantes o El último hombre en la tierra. Si ahora el muchacho, que tuvo que ser tela de jovenzuelo, hasta se junta con su madre para autoversionar una de sus canciones. Una de esas que le podrías dedicar a quién te ha quitado el apetito. "Ha caído ya el telón y no me queda munición, solo queda una extraña sensación de haber perdido el tiempo hurgando en tu cajón".

    Aunque de Coque estoy seguro que será la otra persona quien acabe cantando "La señal". Esa no la pongo, que ya estuvo bien de reventar ampollas y eso que no quería hacerlo.

    Pero esta de Bill Withers si que la pongo. No por conocida menos buena y menos cierta, ya que estamos por chinchar. Que el frío no es falta de calor, sino falta de amor. 

    Para que te quedes a gusto. Apuntillemos metiendo la bailonga "You used to be a man" de NYPC. Que el que baila, su miedo espanta y la letra tiene su retranca (ea, ... pareado). Y a enseñar los dientes "es lo que más les jo..." como le decía Pantoja a Muñoz dejándose grabar en un mercadillo. Quién les ha visto y quién les ve. 

    Ahora hay que dejar de apartar el plato y comérselo. En otro sito y con otra banda sonora. Mi mujer Begoña, que más que lista es sabia en estas cosas de la vida, sostiene que "contra la decepción hay que tomar decisiones y llenar la agenda". A ciegas sigo tu consejo y propongo bambolearse al ritmo de los Thievery Corporation, pioneros en eso que se llama música cool, que como tantos otros grupos conocí tarde, pero al menos a tiempo. Sencillamente molan. No vas a saltar, ni cambiarán tu vida, pero te alegran un rato y no engordan.

    Y así es la música. Dolorosa y calmante.
    Ánimo. Con todo mi afecto, para que vuelvas a bailar muy pronto.

    Otro día más música... pero a mi ritmo.

     

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