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Blog A mi ritmo - Miguel Angel Martin

Miguel Angel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. Trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, me consuelo con obras de aficionado y con mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más y nada menos. Digamos que son recuerdos y opiniones con banda sonora.


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  • 29
    Marzo
    2017

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    Cultura Música dia del padre chuck berry backbeat band

    Hasta Chuck Berry y más allá

    Lo que hubiese dado por haber estado una tarde de patio de colegio con los compañeros de clase metido en la típica conversación: “pues mi madre hace bocadillos de tres pisos subida a una banqueta sobre dos patas”, luego que otro subiese la apuesta con un: “pues mi padre caza elefantes y mi tío es capaz de levantar un coche de choque con el pulgar de una mano y con la otra hace mayonesa a la vez”. Y ser tú el que remate con un “…pues sabéis que os digo: mi padre,… es el padre del Rock 'n' Roll ¿qué pasa? Y sus canciones molan tanto que la NASA ha metido un tocadiscos con una de ellas en un satélite buscando extraterrestres. Así que si aterriza un día un OVNI y sale un bicho verde, cabezón de tres metros de alto cantando “Johnny B. Good” es por culpa de mi papuchi”. Supera eso zagal.

    Pues claro. Hay que estar orgulloso y presumir a pesar de todo de progenitor, claro que sí. El mío me enseñó a apreciar la música despertándome los fines de semana poniendo el equipo del salón a todo trapo. Gracias papá, me encantaba. Con los años atesoró una colección envidiable de discos que he recorrido mil veces con la punta de los dedos y escuchado otras tantas. La suerte es que mi padre está vivito y coleando, espero que por mucho tiempo, mientras que los hijos de Chuck Berry estarán llorando al hombre que vivió una eterna juventud. Eso evita que se convierta en mito, pero que perdure su merecida leyenda. En 90 años tuvo tiempo de mostrar su talento hasta que el cuero aguantó. John Lennon dijo que si el Rock’n’Roll se volvía a nombrar de nuevo debería llamarse Chuck Berry. Keith Richards no entiende la música sin el blues de Muddy Waters y cualquier canción de Berry. El bueno de Keith, dice que no conoce una canción mala de Chuck. Era capaz de describir los extras de un coche y mezclarlo con el amor a una novia, o narrar las peripecias de unos recién casados adolecentes y que acabase siendo la banda sonora de una de las escenas más cool del cine. Así es la vida "C'est la vie, say the old folks, it goes to show you never can tell”. Y luego vas tú, te tomas cuatro bebidas espumosas, te pinchan la canción y la bailas igual que Travolta,… que lo sé yo truhan.

    Michael J. Fox pasará a la historia viajando al pasado y cerrando el bucle de los molones de clase tocando con un “primo” de Chuck el punteo, el riff entre los riffs de la canción que sigue buscando a E.T. Esa que dedicó a su pianista porque el hombre tenía la afición de empinar el codo demasiado, así que le pedía aquello de “venga Johnny, Johnny anda, sé bueno”. “Y aunque no sabía ni leer ni escribir bien, tocaba la guitarra como el que toca una campana”. Luego a Michael J. (Marty Mcfly) se le va la olla y acaba en plan Van Hallen, pero eso es lo que tiene el cine.

    Parecerá oportunista después de que hayas visto 728 noticias y otros tantos documentales cuando se acaba de ir a tocar al otro barrio, venir a contar cosas que seguro ya sabes. Pero es de ley hacerlo. Hay quien se atreve a rebatir a Darwin su "Teoría de la evolución de las especies", allá él, pero en Rock’n’Roll tienes Rey, padrinos, apóstoles, emisarios y súbditos, pero padre, indiscutiblemente, hay solo uno y ese es Chuck Berry. Era la actitud, el carisma, los trajes con corbatitas de cowboy, el peinado que se hacía el mismo porque también fue peluquero. El del "paso del pato" que imita todo guitarra solista que se precie. Era el que cabeceaba caminando como un enanito a lo Groucho Marx. Quien de forma natural creó todo un postureo que ahora tienes atornillado en el cerebro reptiliano asociado al Rock’n’Roll. El morenito guapetón y larguirucho que encandilaba a las nenas blanquitas mientras le tiraban de la pernera para ver qué tenía escondido,… detrás de la guitarra. Y ese chico buen estudiante, talentoso y malote, que dio con sus huesos en el trullo dos veces, fue el que convirtió el ta na na nammmmm del blues al tirotatirotatirotatirotatiiiii tananammmm en esa mezcla con el country music que también le gustaba.

    Bobby Womack decía que era el único músico que conocía que podía viajar sin banda. Cualquiera que pretendiese llamarse “rockanroller” tenía que saberse el repertorio de Berry de cabo a rabo si quería trabajo en cualquier bar o club de Estados Unidos.

    Llámame loco, pero cuando escucho esas primeras notas del Maybellene” o “You can’t catch me”, creo oír una versión acelerada del “I walk the line” de Johnny Cash y el punteo con ese ritmillo tipo tren que hace tacatún tacatún. Ese mismo riff que repitió hasta en su último álbum grabado el año pasado y que se publica en Junio de este año. Es como la cebolla, se repite, pero sin ese condimento no sabría igual de bien.

    El comienzo “igualico” que “Johnny B Good”, “Roll over Beethoven”, “Little Queenie”, “Back in the USA” ¿Qué más da? ¿Oyendo esto dirías que viene de un nonagenario? ¿O que es la continuación de la actuación que hemos visto antes y que es del 56? Fíjate que lo único negro en ese plató era Chuck, los trajes del público y el piano del repeinado que toca con él. Ahí le tienes, mezclándose sin problema con los que entonces ni concebían mear en el mismo wáter. Y es que este hombre hizo más con su música por los derechos civiles de los afroamericanos, que todos los congresistas de Washington juntos en treinta años.

    Si el infinito tiene un sentido fuera de las matemáticas es intentando poner número a las bandas y artistas que Berry y su música ha influido. Nada fue lo mismo después de que le sacase a su guitarra Gybson ese tonillo que puede hasta parecer desafinado, pero cuando lo oyes, sabes que un segundo después empieza una canción de Rock’n’Roll

    Para muestra influenciada, este botón que disfruto particularmente. Lo grabaron un grupo de colegas grunges en los 90 para ponerle la banda sonora a la película Backbeat. Entre otros conocidos, verás a un joven Dave Grohl de Nirvana haciendo aquello para lo que nació, aporrear la batería como si fuera un cavernícola preparándose para matar mamuts. Hay alguna versión de canciones de Berry brutales. Si te quedas hasta el final, oirás como tocan estos “angelucos” enfurecidos el Helter Skelter” de The Beatles.

    Así es la música. Te transporta al infinito, o a ningún lugar en particular.

    Otro día más música,… pero a mi ritmo.

     

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