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Blog A mi ritmo - Miguel Angel Martin

Miguel Angel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. Trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, me consuelo con obras de aficionado y con mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más y nada menos. Digamos que son recuerdos y opiniones con banda sonora.


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  • 15
    Abril
    2017

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    Cultura anuncio cola cao racismo conguitos

    Pastoreando churras y merinas

    Pues no me llama Eduardo para decirme: “¿No te has enterado de lo del anuncio de Cola Cao?”. A lo que le tuve que contestar: “Hombre así planteado, ni repajolera idea. Entre que yo no me entero de la misa a la media y veo telediarios solo cuando voy de visita a casa de alguien, como que estoy un poco perdido”.

    Y entonces me dijo: “Macho. Que lo han tachado de racista”

    Me faltó tiempo para buscarlo claro, aunque no me extrañó en un principio si es que volvían al rollo revival con aquello de “Yo soy aquel negrito del África Tropical…” 

    Essssstooooo eeehhhhhhh. Lo veo una vez, cuestiono como de costumbre mi capacidad de análisis al no ver nada especialmente ofensivo, a no ser por la colección de nenes guapitos de agencia viviendo situaciones, que solo explico después de tomarse algún psicotrópico. Pero venga, vamos a verlo una segunda vez. Puessss llámame tonto, porque no lo pillo. El caso es que los muchachos impolutos y salerosos sacuden un chisme que se llama shake a ritmo de KC and the Sunshine Band, un blanco que se rodeaba de colegas de color, autor de una buena colección de pelotazos rompepistas en los 70, muy recomendables en todo evento donde se junte más de una docena de personas con ganas de jarana.

    Pero amigo, resulta que del chisme sale al final del anuncio, cual conejita de Playboy, un zagal moreno con el pelo a lo afro y mostacho. Aunque me da en la nariz que es uno de Soria al que han puesto de maquillaje hasta las tabas, una peluca del chino y el bigote lo han sacado del cordón de una cortina. Pero vete tú a saber. Entonces… ¿Es racista por eso? Espera, espera ¿Soy yo el único que solamente ve un guiño a la serie de televisión de los 80 Vacaciones en el mar” y no un mensaje racista? ¿O es que soy un cándido que no ve maldad en estas cosas y si a mucho desocupado capaz de leer mensajes ocultos hasta en las pastillas de jabón?

    Por esa regla de tres, estos mensajes de Conguitos ¿Qué son? ¿Apologías al Klu Klux Klan? Porque estos sí que se las traen.

    Y sí claro, vale, que son de hace un chorro de años y entonces éramos más racistas, más machistas y menos conscientes. Fíjate, que hasta nos atrevíamos a utilizar el políticamente incorrecto neutro, no haciendo eco ni “eca” de los rumores o “las rumoras”, de lo que nos contaba la sociedad y “el sociedad”. Pero es que sale una mano todopoderosa que se va zampando la prole de un negro de tribu, choza y lanza. ¿Y qué me dices del Tarzán guaperas que viene después? Parece que vaya a evangelizar más que a comer el chocolate que le hace “grande y fuerte”? Cuesta no sonrojarse contemplando el coladero de topicazos y sesgos que era la publicidad hace no tanto.

    Viendo todo esto me pregunto, si el caso contrario hubiese servido para poner el mensaje como ejemplo innovador y vencedor de barreras alienantes. Pero me temo que hay más ruido en la interpretación que en el mensaje, emborronando la línea entre lo cierto y el tópico; la verdad y el mito. Ese tópico que mostraron los guionistas de "Vacaciones en el mar" de forma discriminatoria, esa sí, cuando dicen que el único trabajo que podía tener un negro en un barco de recreo, era el de camarero ”graciosón”, que el capitán debía ser un padre devoto de una nena rubia y perfecta, o que el médico fuera un relamido “gafotas”. Pues maldito sea el tópico. Pero la realidad era esa, un hombre de color hasta hace nada, no podía ser capitán de un crucero aunque fuese capaz de entender la teoría de la relatividad.

    La música no se libra de haber soportado y alimentado esos tópicos poniendo banda sonora a grupos intolerantes e intolerables. Si hay una tribu urbana que me viene de inmediato a la cabeza y que se ha desvirtuado como ninguna otra desde que surgieron en los 60 son los skinheads, asociados hoy irremisiblemente a posturas extremas y violentas. Pero su origen está muy lejos de lo que son ahora. Como otros grupos de esta década, aparecieron como la voz de una clase obrera sin una ideología clara, que vivía la frustración de una situación socio-económica muy dura, solo aliviada bebiendo y bailando en los bares los ritmos traídos por los inmigrantes jamaicanos, a los que consideraban por cierto como muy cool. Esa estética era opuesta al desaliño hippie. De ahí su obsesión por ir impolutos con sus tirantes, pantalones vaqueros remangados, las chaquetas Harrington, (no las bomber que vinieron después) y sus botas Dr. Martens que cuidaban como joyas. Lo pasaban bien a ritmo de calipso y reggae que luego se aceleró un poco para ser ska o rocksteady sin perder la necesidad de imitar el acento jamaicano. Esa moda y esa música era para skinheads blancos y (aquí está lo bueno) skinheads negros por igual. Para muestra este botón de Laurel Aitken. Creo que el título de la canción lo dice todo. 

    The Specials, grupo mítico de ska con cantante negro incluido, era seguido por skinheads. Pauline Black líder del grupo The Selecter habla de la paradoja contenida en este movimiento. No se explica cómo chavales que empezaron bailando ritmos tropicales, pasaron de ser gente con actitud en los 60, a ser violentos y perseguir lo que amaban en los 70 y 80. 

    El cantante de Bad Manners, Buster Bloodvessel dice que “un skinhead tiene que bailar duro, amar el fútbol y ser antirracista” (esto no hay quién lo entienda). Otra banda que gozó al principio del favor de este público son mis adorados y celebérrimos Madness que mamaron de su estética, pero se mantuvieron al margen de sus connotaciones y llevaron el ska hacia el pop con sus arreglos maravillosos. Pero tal vez sea Sham 69 el grupo que sufrió más los brotes violentos cuando se mezcló todo con el punk. Tenían un discurso social que buscaba identificarse con el malestar y frustraciones de su público, pero dejaron de actuar porque sus conciertos se convirtieron en batallas campales que no apoyaban en absoluto. 

    Y es que pasar de estar enfadado con la situación que te rodea, a liarte a mamporros con todo quisqui, si además no tienes trabajo ni pegando sellos, como que está chupado después de una cuantas cañitas.

    Genial, ya tienes grupos descontentos todos vestidos igual y peladitos al cero a los que hay que entretener. Pues nada, les pones a remojo en bañeras de alcohol, te los llevas a ver partidos de fútbol, agitamos todo esto (y no en la coctelera del Cola Cao precisamente) y tenemos un mejunje explosivo que llamamos hoolingans, a los que rápidamente echan un ojo los clubes de fútbol y los partidos nacional socialistas para meterles en los pocos muebles que tenían en la cabeza, ideas extremistas adornadas con iconografía radical. Y como les molaron, pues empezaron a tatuarsela por todo el cuerpo, cara incluida, mostrándose aún más agresivos. Aunque si alguien tiene la culpa de reavivar la imagen de la esvástica nazi conste que fue Sid Vicious de los Sex Pistols.

    Venga que seguimos poniendo mecha incendiaria a esta bomba con la rabia inadaptada que viene del punk que abrazan de inmediato y Bingo, tenemos la música OI!, que no es más que garaje punk en la que se grita mucho, contra todo, sea lo que sea. Puede ser el color de piel o no, puede ser la forma de vestirse o no, que sean de tu equipo o no, o que les guste la misma marca de cerveza o no. Igual da, el caso es alimentar la bestia que está latente lista para pelearse. 

    El punto de inflexión fue la banda Skrewdriver que venía del punk, liderada por el ínclito Ian Stuart, un nacional socialista que marca el antes y el después de la radicalización extremista que siguieron y magnificaron a la perfección bandas como Kill Baby Kill por poner un ejemplo. Con lo que ahora tienes de un lado a los skinheads antifascistas que no son racistas, pero tampoco se quedan mancos a la hora de zurrarse de lo lindo y que no entienden cómo algunos pueden negar el origen jamaicano de todo este embolado. Estos tienen como uno de sus grupos de referencia de música OI!, a la banda galesa The Oppressed, y a su lider Roddy Moreno. Y por otro lado tienes a los boneheads, que es como los skinheads antifascistas llaman despectivamente a los skinheads fascistas, es decir los que son de extrema derecha, racistas, más cercanos al punk, aunque les sigue gustando el ska para seguir complicando más la cosa. Pero si nos ponemos a nombrar facciones distintas de skinheads nos dan las uvas, porque hay grupos radicales de este tipo hasta malayos, como lo oyes rapaz. Eso sí, todos bestias como araos de bueyes, capaces de manufacturar joyitas como esta "My name is hate". Escúchalo ahora si quieres ya que youtube (con bastante buen criterio) los elimina en cuanto lo encuentra por tener contenido inapropiado y ofensivo.

    Pero no nos paremos aquí. Cruzas el charco, se te va todo este tema de la “supremacía de la raza” de las manos y acabas encontrándote historias “enternecedoras” como la del bajista de un grupo de angelitos que se llamaba End Apathy. Wade Michael Page era un tipo que se alistó en el ejército norteamericano del que acabó saliendo cuando le bajaron de rango. Convencido de su “superioridad” y de vivir en una “sociedad enferma”, se tatuó hasta el ojete con iconografía radical. Después quiso hacer realidad las “letras” de sus canciones y se metió con un pistolón en un templo Sij de Wisconsin donde se cargó a tiros a seis personas, hiriendo a muchos otros. No contento con su hazaña, siguió su juerga de plomo contra la policía que le acabó abatiendo. Una alhaja el muchacho.

    Total ¿Cómo se llega de una coctelera de cacao a un bajista skinhead asesino? Pues porque una fogata de campamento infantil puede empezar si se desmadra un incendio, alma de cántaro. Así que antes de calentarte con grandes palabras, es bueno oír campanas aunque no sepas muy bien de dónde vienen. Y entender que hasta lo más trivial se puede torcer utilizando un ángulo controvertido o mezclando churras con merinas. Porque donde ves racismo, tal vez solo sea un guiño a algo que no sea políticamente muy correcto,… venga de acuerdo, pero tampoco hay que ir más allá.

    Resumiendo. Toda esta chapa es para contarte meras pinceladas de cosas que sí que son racistas, radicales, intolerables, denunciables, execrables y ojalá que pudieran borrarse de la faz de la Tierra, pero que hay que conocerlas para poder mantenerse lejos y evitar que se repitan. Personalmente no confío en ello, ya que creo firmemente que el Hombre disfruta repitiendo sus propios errores una y otra vez por pura estupidez.

    Déjame acabar quitando hierro al asunto. Mejor tomarse las cosas con humor, que tampoco nuestra opinión es tan importante ¿No te parece? Bienvenida sea esta merecida cura de modestia en dos minutos y medio.

    Así es la música y las opiniones. Pueden ser para todos o para a unos pocos.

    Otro día más música, …pero a mi ritmo.

     

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