Blog 
A toda vela
RSS - Blog de Carlos García-Ovies

El autor

Blog A toda vela - Carlos García-Ovies

Carlos García-Ovies

Siempre he sido 70% de la Villa del Adelantado y 30% luanquín, aunque ahora vivo entre mallorquines. Estudio periodismo y cada domingo pierdo unos noventa minutos de vida, los que dura un partido en el Carlos Tartiere.


Archivo

  • 15
    Noviembre
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    La reconquista de la esencia

    En la ladera del monte Auseva, en el corazón de Picos de Europa y a tan sólo once kilómetros de Cangas de Onís, se encuentra uno de los lugares más simbólicos de la historia de Asturias. Covadonga (Cuadonga en asturiano) apenas tiene cincuenta habitantes y, sin embargo, en ella yacen los restos mortales de dos reyes. De Asturias, por supuesto. El enclave maravilla a todo aquel que lo visita. La mágica mezcla de verdes que envuelve el valle, consigue encandilar incluso a quien ya ha perdido la cuenta de las veces que ha estado allí. Cuando uno hace una visita a este emblemático paraje, tiene varios puntos de obligada visita. El santuario, que es el conjunto monumental más visitado de Asturias, conmemora la batalla de Covadonga. La basílica neorrománica, levantada íntegramente en rosada piedra caliza, y la escultura levantada en honor a Don Pelayo, además de la Santa Cueva donde se encuentra la Vírgen de Covadonga, son los protagonistas indiscutibles con los que se encontrará cualquiera que se dé cita en este singular emplazamiento . Pero Covadonga no es conocida por su palmaria belleza y sus monumentos, sino por lo que representa en la historia de Asturias y de España. Covadonga es conocida, como todo el mundo sabe, por haber sido el lugar donde, en el año 722, se inició la Reconquista de un territorio con el que los musulmanes se habían hecho por la fuerza.

    Mucho se ha hablado estos días sobre el movimiento de rebeldía y de lucha que están realizando los aficionados de un histórico equipo de fútbol que se asoma -nuevamente- al abismo de la desaparición. No se trata de un equipo cualquiera, sino del equipo de la capital de una provincia que otrora fue reino y que, además, no dista mucho de Covadonga. El Real Oviedo -y por ende el oviedismo- no tiene que combatir contra ningún musulmán, pues estos se fueron de Hispania allá por el año 1492, cuando Boabdil -último rey de Granada- entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos. No obstante, el oviedismo sí libra una batalla importante. No se trata, evidentemente, de una reconquista territorial, sino sentimental. En los últimos años, el fútbol se ha convertido en la antítesis de lo que comenzó siendo. El fútbol ya no pertenece a los que viven por y para él, a los que acuden cada domingo al estadio, a los que lloran con las derrotas de su equipo y también de alegría con sus victorias. El fútbol ya no pertenece a sus aficionados. Pero hubo un tiempo en que sí. Hubo un tiempo en el que los ídolos no los fabricaba la sociedad mediante la comercialización de la imagen, sino que simplemente lo eran. Hubo un tiempo también en el que las televisiones no contralaban el rumbo de la competición. Pero como decía Bertrand Russell, "el dinero lo pone todo patas arriba". Y el fútbol no es una excepción.

    Pero durante estos días se ha comprobado que, pese a todo, no hay nada perdido. En Oviedo se ha comprendido que si luchas por un sentimiento, puedes conseguir muchas cosas. Y así, el aficionado azul se negó a dejar morir a su equipo y le dio, por segunda vez en diez años, una patada en la cara a todo lo que representa el fútbol en la actualidad. Esta vez el oviedismo ha encontrado su nuevo Pelayo, que no tiene por qué ser nadie en concreto. Bien pudiera ser un periodista inglés, o bien la totalidad de un Consejo que mira por y para su afición, como debería ser siempre. Una de las mayores diferencias con aquella batalla que se libró en la ladera del monte Auseva, es que el oviedismo no está solo. Los apoyos han llegado desde todos los rincones del planeta. Así, se ha recibido ayuda de países como Estados Unidos, Rusia, Australia, Nueva Zelanda o Panamá, entre muchos otros. Y, sobre todo, desde Inglaterra. Todos ellos comprenden lo que salvar a este histórico club representa. La lucha del aficionado por recuperar el control sobre el fútbol. La esencia que una vez se perdió entre negocios e intereses.

    Aún faltan un par de días para el cierre de la ampliación de capital y queda mucha tela por cortar, pero el Real Oviedo ya ha ganado su particular escaramuza salvando la causa de disolución sin un gran inversor. Solo con sentimiento y corazón. A partir de ahora, el oviedismo será un poco más dueño de su equipo, como en los viejos tiempos. Seguramente no de la misma forma, pues hay mucho que cambiar todavía. Pero hay que recordar que la Reconquista, pese a comenzar en el 711, no finalizó hasta 1492. Confiemos en que esta vez todo sea más rápido.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook