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Carlos García-Ovies

Siempre he sido 70% de la Villa del Adelantado y 30% luanquín, aunque ahora vivo entre mallorquines. Estudio periodismo y cada domingo pierdo unos noventa minutos de vida, los que dura un partido en el Carlos Tartiere.


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  • 03
    Diciembre
    2012

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    Recuperar lo que es nuestro

    Avilés es, probablemente, el lugar de todo el Principado -otrora Reino- de Asturias donde menos se habla la lengua asturiana. Y, casualidades de la vida, el Fuero de Avilés, que data del año 1085, es el primer documento oficial redactado en ella. A mí me hubiera gustado escribir esta entrada en asturiano, pero nadie me enseñó a hablar una lengua -sí, lengua- que según la UNESCO está en peligro de extinción.

    Casi tres años viviendo en Mallorca me han servido, además de para entablar amistades y conocer mundo, para darme cuenta de la suerte que tienen los mallorquines. Suerte, entre otras cosas, porque ellos cuidan mucho más su patrimonio, y son conscientes de que el catalán está incluido en él. Sin nacionalismos, sin mezclar la velocidad con el tocino. Porque una lengua no pertenece a una ideología, sino a su pueblo. Sin embargo, cada vez que aterrizo en Ranón, me encuentro con la realidad del marginado y pisoteado idioma asturiano. Algunos consideran "pueblerino" hablarlo, quizá porque en los pueblos fue donde no se consiguió erradicarlo, algo que sí ocurrió en las grandes ciudades: Oviedo, Gijón y, sobre todo, Avilés.

    Hasta en dos ocasiones se le negó la participación en las elecciones a una misma formación política por presentar su solicitud en asturiano, dándole finalmente el Tribunal Constitucional la razón a dicha formación. En 1998 el Consejo de Universidades rechazó la petición de la Universidad de Oviedo de crear la licenciatura de Filología Asturiana. Un caso aún más vergonzoso es el que se dio en 2003, cuando alumnos de zonas rurales que sólo hablaban asturiano se derivaron a educación especial dado que los test psicométricos puntuaban negativamente las respuestas que no se escribían en castellano. Sólo son algunos ejemplos, se podrían llenar páginas y páginas con más casos similares.

    En una encuesta realizada en 1991 por el sociólogo asturiano Francisco Llera Ramo, se reveló que seis de cada diez asturianos consideraban que su primera lengua era el asturiano o una mezcla del asturiano y el castellano. También seis de cada diez asturianos estaban total o parcialmente a favor de la oficialidad del asturiano, mientras que ocho de cada diez mostraban su interés por aprenderlo. ¿Por qué entonces esta represión?

    En ningún caso defiendo imponer el asturiano por encima del castellano, como sí ocurrió a la inversa. Mi deseo es que al menos se pueda elegir. A mí nadie me ofreció la posibilidad de aprender correctamente el idioma de mi tierra y eso debería cambiar. Ya no hablo del beneficio que supone el saber hablar dos lenguas, sino de recuperar lo que es nuestro. El asturiano es uno de nuestros más preciados tesoros y, sin embargo, lo tratamos a patadas. Lo que los asturianos hemos hecho con nuestra lengua equivale a llenar de grafitis las paredes de las cuevas de Tito Bustillo o a taladrar las paredes de Santa María del Naranco. Quizá ya sea tarde para recuperarlo, pero al menos intentémoslo.

     

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