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Carlos García-Ovies

Siempre he sido 70% de la Villa del Adelantado y 30% luanquín, aunque ahora vivo entre mallorquines. Estudio periodismo y cada domingo pierdo unos noventa minutos de vida, los que dura un partido en el Carlos Tartiere.


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  • 31
    Octubre
    2012

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    Resucitar, el hobby azul

    Hoy se estrena Skyfall, la última entrega de 007, el agente secreto más famoso de la historia. Durante la peícula, el supervillano de turno, a quien en esta ocasión da vida Javier Bardem, le pregunta a 007 cuál es su hobby. "Resucitar", afirma el espía. Ese mismo hobby, innegablemente, lo tiene tiene el Real Oviedo. El club está sumido en un coma profundo y necesita una buena inyección de dinero que lo saque de la UCI, porque por médicos, o futuros (pequeños) accionistas con corazón, no será. Una vez más, el club de la capital de Asturias ha de resucitar.

    Diez euros con setenta y cinco céntimos cuesta cada pequeño trocito del Real Oviedo. Es, sin lugar a dudas, lo más cerca que un oviedista puede estar de comprar sentimiento azul.  Al aficionado que acude cada domingo al Tartiere y sufre viendo la situación del club, no hace falta concienciarle de nada. Si para poder comprar acciones tiene que dejar de salir a comer fuera el fin de semana, o tomarse unas cuantas copas menos, lo hará. Es a familiares, amigos y conocidos, oviedistas o no, a quienes hay que convencer, a quienes hay que insistir. Es muy probable que la sola aportación de la afición no sirva para evitar la disolución. Sin inversor de referencia, la cosa está más que complicada, pero cualquier ayuda es buena y válida, aunque sea una única acción. Lo importante es tratar de hacer todo lo que esté en la mano de cada uno para evitar la consumación de un sentimiento con ochenta y seis años de historia.

    Duele ver cómo los anteriores gestores han dejado al Oviedo. Sólo hay que escuchar al presidente para hacerse una idea de ello, aunque ya se sospechase durante la negra época que estuvieron al frente del club. Cuatro millones de euros de deuda a corto plazo y veintiún millones de euros despilfarrados en cinco años. Es para echarse a llorar. Y, seguramente, se irán de rositas, muy típico de este país. Independientemente de la suerte que corra el Real Oviedo, el modelo SAD está acabado. Se ha demostrado que no funciona y, cuanto más se tarde en cambiar, más difícil será salir del agujero. Pero ese es otro tema.

    Muchos rumores giran en torno a los posibles inversores. El optimismo y el pesimismo se intercambian los papeles como la noche y el día. Tan pronto se habla de euros con origen italiano, como de pesos mexicanos o rublos rusos. De momento, todo humo, de momento, todo habladurías. Y eso confunde e irrita al aficionado, que ve como su equipo del alma puede morir. Pero, aún así, el oviedismo se niega a tirar la toalla. Hasta el rabo todo es toro, y hasta el más escéptico se convierte en un hombre de fe. Porque toca confiar en que, al final, como en Skyfall, o en las películas en general, los buenos ganan y, si hace falta, resucitan. Toca creer.

     

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