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Blog Celuloide sin revelar - Christian Franco Torre

Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

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Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 02
    Marzo
    2016

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    Historias del cine John McTiernan

    Esplendor y caída de John McTiernan

    En los últimos años del siglo pasado, el nombre de John McTiernan era sinónimo de calidad. Especialista en el cine de acción, McTiernan se había ganado una fama bien merecida como director fiable y especialmente dotado para la narrativa cinematográfica, y sus películas reventaban las taquillas de manera regular. Pero un par de fracasos comerciales trastocaron su carrera y su propia vida, hasta el punto de ser repudiado por la industria de Hollywood y acabar con sus huesos en la cárcel.
    Tras unos inicios en el mundo de la publicidad, McTiernan filmó su primera película en 1985. Se trataba de Nómadas, un thriller sobrenatural que pasó bastante desapercibido, pero en el que ya se adivina la pericia del cineasta para las escenas de acción.
    Un par de años después, McTiernan firmó su primer gran éxito: Depredador, una revisión en clave de ciencia-ficción de El malvado Zaroff (Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, 1932), en la que un comando liderado por Arnold Schwarzenegger se enfrenta a un alienígena en plena selva.
    La película fue un absoluto éxito y generó una saga de la que aún llegan, periódicamente, entregas cada vez menos sugerentes. Pero McTiernan dejó a un lado la ciencia-ficción y, en su siguiente proyecto, lograría un éxito aún más formidable: Jungla de cristal, estrenada en 1988.

    Esplendor y caída de John McTiernan
    El planteamiento era parecido al de una multitud de películas de acción de los ochenta: un policía se enfrenta a un grupo de supuestos terroristas (ladrones, en realidad) que retiene a unos rehenes en un edificio. Pero el carisma de su protagonista, la entonces estrella televisiva Bruce Willis, y la pericia de McTiernan para aprovechar hasta el último resquicio de un espacio cerrado como escenario de la acción convirtieron la película en un éxito tan fenomenal como inesperado.
    Con un presupuesto muy reducido para los cánones de Hollywood aún en aquella época (apenas 28 millones de dólares), Jungla de cristal recaudó 83 millones en Estados Unidos, y otros 57 en el resto del mundo. Un rendimiento que motivó multitud de imitaciones en los años siguientes: Todas las productoras de Hollywood aspiraban a reeditar el éxito de Jungla de cristal.
    En los años siguientes, McTiernan mantuvo el elevado nivel de su cine, y el éxito le acompañó casi siempre. En 1990 estrenó La caza del Octubre Rojo, otro formidable éxito con Sean Connery interpretando al capitán de un innovador submarino soviético que planea desertar.
    Dos años después, Connery y McTiernan repetirían en Los últimos días del Edén, un drama ecologista alejado de sus habituales terrenos del género de acción, que obtuvo discretos resultados en taquilla. El aviso se repitió con El último gran héroe, una interesante fantasía en la que, con la complicidad de Arnold Schwarzenegger, subvertía el cine de acción de Hollywood.
    Cubierto su ego artístico tras dos películas de interés y discreta acogida en taquilla, McTiernan retornó al terreno de la acción en 1995, año en el que dio nueva vida a la saga de Jungla de cristal con la tercera entrega, que se convirtió en su mayor éxito a escala mundial.
    Tras este triunfo, llegarían los problemas para McTiernan. En su siguiente proyecto, El guerrero número 13, se las tuvo tiesas con Michael Crichton, productor y autor de la novela en la que se inspiraba el filme. Descontento con un primer montaje del cineasta, Crichton rehizo la película a su antojo, convirtiendo un filme de vikingos con toques de horror en una película de aventuras de corte clásico. El resultado fue catastrófico: El guerrero número 13 ingresó 100 millones menos de lo que había costado.
    Aunque en paralelo firmó una rentable revisión de El caso de Thomas Crown (Norman Jewison, 1968), había perdido su halo de cineasta eficaz y rentable. En su siguiente proyecto, Rollerball, de 2002, el productor Charles Roven apretó tanto las clavijas del cineasta que McTiernan llegó a contratar a un detective para espiarlo, convencido de que urdía una jugada similar a la de Crichton y El guerrero número 13.
    El detective en cuestión era Anthony Pellicano, cuyas prácticas (ilegales) derivarían en un sonado proceso judicial. McTiernan, que fue llamado a declarar por el FBI, mintió al asegurar que nunca había contratado a Pellicano. Al demostrarse que había mentido, fue acusado y condenado por perjurio. Cumplió su condena, 10 meses de prisión, entre 2013 y 2014. Ahora, doce años después del estreno de su último filme, Basic, lucha por volver a dirigir.

     

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