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Blog Celuloide sin revelar - Christian Franco Torre

Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

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Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 24
    Febrero
    2016

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    Historias del cine Juan de Orduña José María García Escudero

    "No es éste el camino del nuevo cine español"

    A lo largo de toda su historia, pero especialmente durante el franquismo, el cine español ha evolucionado a expensas de las sucesivas regulaciones gubernamentales, generalmente erróneas, que han determinado la crisis perenne de la industria cinematográfica. Sólo en momentos muy concretos, se situaron al frente de las administraciones personas que realmente tenían una idea clara de cuál debía ser el entorno propicio para permitir el desarrollo artístico e industrial que el cine patrio precisaba. Uno de estos escasos momentos se produjo entre septiembre de 1951 y febrero de 1952, en la que fue la primera etapa de José María García Escudero como Director General de Cinematografía y Teatro.
    Coronel del Cuerpo Jurídico del Ejército del Aire y colaborador del diario Arriba, García Escudero destacó desde su llegada al cargo por su intento de favorecer una política aperturista. Una orientación que se debía a su interés por facilitar la renovación del cine nacional, objetivo que quedó de manifiesto en su cerrada defensa de la película Surcos, dirigida por José Antonio Nieves Conde y punta de lanza de la introducción del Neorrealismo en España.


    En aquel momento, los organismos censores no se limitaban a imponer cortes en las películas, sino que también las calificaban, lo que era determinante para definir el éxito económico de los estrenos. La "nota" más alta en este sistema de calificación era el "Interés nacional", y las películas que lograban esa distinción tenían importantes ventajas cara a su exhibición, como el estreno en la época más conveniente de la temporada o la obligatoriedad de mantenerlas en cartel mientras se llenase, en un cómputo semanal, un mínimo del 50 por ciento del aforo del cine.
    Cuando Surcos fue analizada en la Junta Superior de Ordenación Cinematográfica, organismo que debía proceder a su clasificación y censura, García Escudero defendió contra viento y marea la concesión del "Interés nacional". Se salió con la suya, pero esa decisión le hizo caer en desgracia a ojos de algunos sectores del régimen, principalmente la Iglesia, que consideraba la película de Nieves Conde "gravemente peligrosa".
    La situación de García Escudero se hizo insostenible poco después, cuando la propia Junta Superior de Ordenación Cinematográfica tuvo que analizar Alba de América, una película histórica dirigida por el cineasta de más éxito del cine español Juan de Orduña, y producida por la poderosa casa CIFESA que dirigía Vicente Casanova.
    Esta producción, además, era una iniciativa de corte oficial, impulsada por el Instituto de Cultura Hispánica como respuesta al filme británico Christopher Columbus, de David MacDonald. Una película que había sido calificado como "antiespañola" por el régimen, al que dolía especialmente una escena en la que el almirante Colón abofeteaba a Fernando el Católico.
    Como respuesta a esta película, el estado franquista se apresuró a impulsar una producción propia, la citada Alba de América, bajo la supervisión del almirante Luis Carrero Blanco, del que incluso se sospecha que escribió el guión. Un proyecto que fue adjudicado a CIFESA tras un concurso entre las principales productoras del país.


    Alba de América fue analizada por la Junta Superior de Ordenación Cinematográfica el 12 de diciembre de 1951, justo cuando se cumplía un mes del estreno de la controvertida Surcos. Pero en el caso de la película de Orduña, García Escudero no percibía los mismos valores.
    En su dictamen personal sobre el filme, que se conserva junto a las actas de la sesión en el Archivo General de la Administración, García Escudero fue claro: "No se ve la gesta de España, falta el mínimo relieve exigible a los R. Católicos y toda la trama de intrigas que se monta es de puerilidad notoria. No es éste el camino del cine español". Siguiendo su estela, la Junta no otorgó a Alba de América el esperado "Interés nacional", lo que decidió la suerte de García Escudero. La presión de Vicente Casanova y la reciente controversia de Surcos le obligaron a dimitir. Su sucesor, Joaquín Argamasilla, rectificó pocos días después la clasificación de Alba de América.
    García Escudero retornaría a la Dirección General de Cinematografía y Teatro en 1962, por iniciativa de Manuel Fraga. En este segundo mandato, de cinco años, impulsó las Normas de Censura Cinematográfica, que limitaron la discrecionalidad de los organismos censores, y retomó su política aperturista, facilitando la aparición del llamado "Nuevo cine español".

     

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