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Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

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Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 01
    Noviembre
    2016

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    Historias del cine
    José Antonio Nieves Conde

    Un inquilino en la España de Franco

    La carestía de vivienda, especialmente en Madrid, fue uno de los mayores problemas en España durante los años de la autarquía (1939-1959). En la capital, la escasez de inmuebles llegó a ser tan grave que se formaron núcleos chabolistas en todo el entorno, y había centenares de familias viviendo en cuevas.
    Durante esos años, las políticas del gobierno de Francisco Franco se mostraron ineficaces para resolver el problema, que sólo comenzó a encarrilarse tras la creación del Ministerio de la Vivienda, en 1957. Mas una de las primeras actuaciones de ese ministerio, que encabezaba el arquitecto falangista José Luis de Arrese, fue la censura de una película: El inquilino, de José Antonio Nieves Conde.

    Un inquilino en  la España de Franco
    Los roces con las instancias oficiales no eran desconocidos para el cineasta. Su esencial Surcos (1951) centró una controversia política que determinó el cese del entonces Director General de Cinematografía, José María García Escudero, por defender el filme pese a las reticencias que despertaba entre distintos sectores del régimen. Todos somos necesarios (1956), por su parte, también despertó recelos entre los organismos censores, que obligaron a eliminar algunos diálogos, entre ellos el que un personaje que se preguntaba: "¿Por qué los pobres tendrán tantos hijos?". Pero la controversia de El inquilino sería el que marcaría definitivamente a Nieves Conde cara a las autoridades franquistas.
    La película era una crítica frontal a las políticas de vivienda: un padre de familia, interpretado por Fernando Fernán-Gómez, busca sin descanso una vivienda por todo Madrid mientras su esposa y sus cuatro hijos se trasladan de un piso a otro del edificio que habitan, que está siendo demolido por una cuadrilla de obreros.
    La película no recibió ningún tipo de corte cuando se procedió a la censura del guión. Durante el rodaje, Nieves Conde incluso contó con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, que le permitió rodar el derribo real de un edificio de viviendas. Completada la película, los organismos censores dieron su visto bueno al filme, y lo aprobaron sin cortes. El inquilino vio la luz en Valencia, en febrero de 1958. Pero una denuncia de un delegado del Ministerio de la Vivienda, que había visto el filme en un pase privado, determinó que el propio Arrese pusiese los ojos sobre la película y captase su inequívoco mensaje crítico.
    El propio Nieves Conde, en el libro José Antonio Nieves Conde. El oficio del cineasta, de Francisco Llinás, relata el via crucis del filme: "Nunca vi orden ni oficio alguno que confirmase la prohibición de la exhibición de la película. El Ministerio de la Vivienda actuó a través de los gobernadores civiles y éstos controlaban a los exhibidores. La distribuidora de acobardó e ‘hizo la capa’ , esperando que pasase la tormenta".
    Para salvar el filme, Nieves Conde se presentó ante el ministro: "Conseguí entrevistarme con Arrese. Le demostré que la película se había rodado antes de la creación del Ministerio. Y Arrese me dijo, entonces, que había visto la película y que era ‘dañina’ para el prestigio del Ministerio". Román Gubern, en La Censura. Función política y ordenamiento jurídico bajo el Franquismo (1936-1975), constata además que Arrese le afeó a Nieves Conde que en su película "los buenos no llevan corbata y los malos sí".
    A petición de Arrese, se modificaron diversos aspectos de la película. En primer lugar, se añadió un cartel al inicio del filme para aclarar que había sido rodado antes de la creación del Ministerio de la Vivienda. Además, se cortaron diversas secuencias, y se impuso un nuevo final.
    En origen, el protagonista del filme, incapaz de encontrar una vivienda para su familia, acababa instalándose en plena calle, parcelando con sus muebles un trozo de vía. Pero las imposiciones de Arrese obligaron a filmar un final alternativo, en el que una furgoneta, expresivamente rotulada con la leyenda "La Esperanza", trasladaba a la familia a un nuevo bloque de viviendas.
    Con este postizo y dramáticamente mutilada en diversas partes, El inquilino pudo finalmente volver a proyectarse en Barcelona en marzo de 1963, aunque en salas de reestreno, lo que limitó notablemente su exposición.
    No obstante, y pese a los esfuerzos del Ministerio de la Vivienda, una de las copias originales de El inquilino había sido remitida a Francia, para su exhibición en un festival, por lo que hoy podemos disfrutar de la película tal y como la ideó Nieves Conde.

     

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