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  • 06
    Abril
    2013

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    Estado torcido

    Usted sabe lo que sucede cuando el banco le presta cien mil euros para comprar un piso y, por eso de la crisis, sólo puede devolverles cincuenta mil: le quitan el piso y todas sus posesiones presentes y futuras hasta que les devuelva todo con los intereses. ¿Y qué le sucede al banco cuando usted les presta a ellos cien mil euros para comprar preferentes, subordinadas u otras estampitas y, por eso de la crisis, no le devuelven más que cincuenta mil? ¿Les desahucian de la oficina? ¿Les embargan los fondos? Pues no. Ellos se quedan tranquilamente con su dinero y usted con un palmo de narices.

    Usted sabe lo que sucede cuando intenta camuflar a Hacienda esos cientos de euros que ha ganado haciendo chapuzas: le investigan, le empapelan y le obligan a pagar el correspondiente 30% (mínimo) más la multa y los intereses. ¿Y qué les sucede a los (presuntos) chorizos que nos están chupando la sangre cuando se llevan unos cuantos millones de euros de dudoso origen a Suiza? Pues nada. Se acogen a la amnistía fiscal y por un miserable 10% pueden disfrutarlo acá, limpio y reluciente.

    La justicia se representaba por una mujer sentada, con los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. El nuevo modelo que quieren imponernos sólo lleva un ojo tapado para ver los delitos de los débiles y no los de los poderosos, en vez de una balanza lleva un platillo para que depositen allí su dinero los que puedan pagarla y ya no está sentada, sino de rodillas bajo la abusiva y constante presión de la política. Conserva la espada, pero ya sólo le sirve para amenazar a la gente honrada y proteger a los ladrones. En esas condiciones el Estado deja de ser de Derecho y se va torciendo en un ángulo cada vez más pronunciado hasta que se cae. Cuando eso suceda, ya no quedará más justicia que la que cada uno se pueda tomar por su mano. Los síntomas son cada vez más claros y la cura, cada vez más difícil.

     

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