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Cruce de caleyas
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  • 27
    Enero
    2014

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    Blas, el buen vecino

       Hay un bar en Tudela Veguín, el bar Ortea, donde entrar es un placer si te gustan los lugares auténticos y además con olor a buen pote casero, que es lo que toca ese día. Puesto en pie en 1923 su actual dueño, Ángel, cuida como oro en paño la zona del chigre, con unas impecables mesas de marmol que se sostienen sobre pies de hierro forjado. En una de las paredes, al fondo, dos grandes fotos de Tino Casal presiden la estancia casi como si fueran una especie de altar mientras que, debajo, cuatro vecinos echan una partida de cartas. "Nació justo ahí, en esa casa de enfrente", dice el empresario señalando con su brazo en alto hacia la cristalera de su local.. Allí, ante una de esas mesas está sentado un paisano de los de antes, de esos que, como decía mi padre, "se visten por los pies". Acompañado por un vino con casera en vaso de sidra, va desgranando no sin cierta nostalgia la historia de su pueblo y de su gente. Se trata de Blas Rebolledo, "Blas" para todo el mundo, hombre prejubilado de la mina, gran ceramista y siempre dispuesto a echar una mano donde haga falta si quien se lo pide es Tudela Veguín y quien lo habita. Es la gran memoria de su pueblo, el que rescata del olvido aquellos viejos años de bonanza. Conocer a Blas, cuya clara y acuosa mirada ya da a entender su bonhomía, es un privilegio para cuantos hacemos información de caleya desde hace muchos años. Tras esa boina y esa barba blanca hay un paisano asturiano de los que quedan pocos. Basta mirar la imagen para darse cuenta.

     

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