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Cruce de caleyas
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  • 01
    Octubre
    2011

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    El Bierzo, no sólo vino

     



    Es recomendable, si es de los que creen que el viaje en sí mismo es tan importante como su destino, que la primera vez que se va al Bierzo, en este caso desde Asturias, se cruce Babia y Laciana. Antes de que una famosa marca de coches recordara al mundo que hay quienes disfrutan perdiéndose por carreteras comarcales, ya se sabía que los tesoros paisajísticos, los pueblos con encanto y los bares donde importa más la calidad de la cecina que si el mantel es de papel o de tela, no se encuentran en las márgenes de las autopistas.

    Lo cierto es que no hay nada más gratificante que cuando aquello que esperamos descubrir y disfrutar por primera vez supera nuestras expectativas. Así sucede con el Bierzo, donde pronto se aprende que su tinto es mencía y que, si se prefiere un blanco, impera godello. Pero también otras muchas cosas, y no sólo a apreciar la calidad de su vino y el modo en que los bercianos lo quieren y lo potencian. Se aprende a ralentizar el reloj, a disfrutar de una copa de Luna Beberide en una de las terrazas de la plaza mayor de Villafranca mientras alrededor peregrinos, turistas y vecinos comparten cercanía, cervezas, café y platos rápidos programando unos la siguiente etapa del Camino de Santiago, y otros, si finalmente irán o no a León el domingo con el grupo de pensionistas.

    Villafranca. Monumental, preciosa incluso en el sentimiento agridulce que produce admirar su calle del Agua, donde la rehabilitación de alguna de sus maravillosas casas, como el palacio de Torquemada, barroco del siglo XVII, convive con el deterioro y la ruina de otras igualmente blasonadas, como por ejemplo la casa natal del poeta villafranquino Enrique Gil y Carrasco. Un castillo, tres conventos, cinco albergues, tres iglesias, un monasterio y una colegiata, sin olvidar ese precioso jardín afrancesado de La Alameda, dan fe de su importancia.

     

    También están los bercianos, pronto dispuestos a contar la historia de su pueblo si ven interés en quien pregunta por su tierra. Gente cálida, cercana, buenos conversadores y orgullosos de sus raíces son sus paisanos, por eso es imposible perderse donde todos te señalan el camino, además, claro, de las flechas amarillas para los que van hacia Santiago. Entre los establecimientos donde uno se siente como en casa está el bar La Plaza, regentado por un joven matrimonio. Una tortilla de patata para recordar, buenos precios y un trato familiar que invita a volver. Los bares de la plaza Mayor mezclan a viajeros y peregrinos ante grandes tazas de desayuno, tostadas, chocolate, churros y magdalenas. Por ejemplo, en el Sevilla, todo un clásico. Para vinotecas está Mi Tienda. Un alojamiento con mucho encanto y tranquilidad absoluta es La Llave. Realmente hermosa es la habitación "Nogal", oasis de silencio y buen gusto en el centro de Villafranca. En cuanto a todos los caminantes, tanto peregrinos como viajeros habituales, señalar a los que padezcan de durezas y ampollas que en La Casita del Espejo la dueña vende una espectacular crema de elaboración propia a base de aloe, caléndula y árnica.

    Pero el Bierzo no es sólo Villafranca. También sus pueblos y su paisaje, sobremanera Los Ancares y Las Médulas, estás últimas tanto recorridas por dentro -habitadas por viejos árboles de troncos peculiares- como contempladas desde el mirador de Orellán. El Bierzo son sus castillos, como ese mágico de Cornatel o el templario de Ponferrada; sus castros, como Ventosa, donde las vides cubren la historia, o el castro astur de Borrenes ( abandonado antes de ser habitado), desde donde sus creadores podían contemplar el lago de Carucedo. Y también vino, por supuesto, y bercianos que lo sirven y lo comparten orgullosos de sus raíces y de una historia que invita a regresar.

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    (Pie de foto): Señales para los peregrinos que realizan el Camino de Santiago a su paso por la localidad de Villafranca del Bierzo. y racimo de uvas mencía en Castro Ventosa, cerca de Cacabelos)

    crucedecaleyas@epi.es

     

    PD: Este artículo ha sido publicado el sábado 1 de octubre en la página 74 de La Nueva España. En días sucesivos iré añadiendo nuevos artículos y anédotas sobre mi primer viaje a la comarca de El Bierzo, esperando resulten gratos y de utilidad a los lectores

     

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