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Desórdenes Cotidianos
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Sobre este blog de Cultura

Un espacio desde donde expresar sentimientos o mostrar una visión personal de los acontecimientos que me rodean


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  • 28
    Octubre
    2010

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    El gato de Schrödinger

     En esta paradoja Schrödinger nos propone un sistema formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato, una botella de gas venenoso, una partícula radiactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse en un tiempo dado y un dispositivo tal que, si la partícula se desintegra, se rompe la botella y el gato muere. Siguiendo la interpretación de Copenhague, mientras no abramos la caja, el sistema, descrito por una función de onda, tiene aspectos de un gato vivo y aspectos de un gato muerto, por tanto, sólo podemos predicar sobre la potencialidad del estado final del gato y nada del propio gato. Paradójico resulta cuando menos que a estas alturas de la cuestión sucesoria del partido popular nos hallemos en una situación muy similar y me explico: en este instante el nombramiento del candidato del Partido Popular  para las próximas elecciones en Asturias es una caja cerrada y opaca con dos nombres en su interior y una decisión, presumo que tomada ya hace tiempo. De esta situación solo podemos hablar de la potencialidad y nunca del candidato, ya que desconocemos quién será. Siguiendo en la línea de la mecánica cuántica y utilizando otra de las interpretaciones propuestas, la de los universos paralelos, hablaríamos de ramificaciones de la historia en cada caso posible: Candidato A victoria del P.P., Candidato A derrota del P.P.,Candidato B victoria del P.P.,Candidato B derrota del P.P., es decir el universo se ramificaría en cada uno de los casos siendo las diferentes opciones, incapaces de interaccionar entre sí ( lo que parece, por otro lado, que ocurre ya). DE lo cual y a la vista del estado de las cosas, se desprende que en cualquier caso, sea cual sea el estado final del gato/candidato, la mejor opción es esperar a que quien tiene la llave abra la caja y no pretender ser augures en un tiempo en el que los cambios de expectativas son tan rápidos que apenas podemos seguirlos.

     

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