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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 01
    Noviembre
    2014

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    Abrir agujeros en el sistema

     

    Julio Mediavilla
    Contrato social
    Del 2 de Octubre al 14 de Diciembre
    Muse Barjola

    La trayectoria de Julio Mediavilla (Valladolid, 1964) hay que entenderla como una historia que ha generado diferentes estratos, en ocasiones duros y profundos como sus esculturas de piedra y metal de principios de los noventa o sutiles como sus ensamblajes de caucho y aluminio de finales de la mencionada década. En sus exposiciones, en 2002 en la galería Tráfico de Arte de León, en el Horno de la Ciudadela de Pamplona en 2003, o en la Galería Benito Esteban de Salamanca en el 2008 encontramos restos industriales, metáforas de otros conflictos, bien emocionales o en torno a planteamientos relacionados con la globalización, el consumo y la cultura visual. La instalación “Polarizador”, en 2010, enmarcada en el proyecto “El Hall Transformado” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad León, se puede considerar formalmente el antecedente de este “Contrato Social”, pues ya incorporaba una estructura cilíndrica accesible a su interior, formada por planchas blancas y rojas, evocadora de arquitecturas industriales.

    El proyecto “Contrato Social” incorpora dos obras presentadas anteriormente en diferentes salas: “Mercado de Valores”, expuesta en LAVA (Laboratorio de la Artes de Valladolid) en 2012 e “In-Out” mostrada en la Sala del Teatro Calderón de Valladolid en 2014. Ambas participan de un concepto de arte político interesado por la critica al sistema de representación. En “Mercado de valores” un cilindro de 7 metros de alto y 3,5 metros de diámetro, suspendido del techo de la sala y elevado del suelo un metro, con entrada y salida, creado a partir del ensamblaje de planchas translucidas rojas y blancas, enlazadas por mosquetones, se convierten en soporte para la proyección de diferentes textos en movimiento, que se suceden en un bucle continuo. Palabras alusivas a la quiebra del sistema, a la iniciativa privada, a la entropía, la exclusión social, la flexibilidad laboral o la huelga general, todo un amasijo de conceptos relacionados con la crisis e inscritos en los medios de comunicación, que dos voces (masculina y femenina) repiten como una letanía de nuestro tiempo.

    En “In-Out” cuatro prismas modulares blancos y translúcidos que superan los tres metros de altura y se aproximan a los dos de diámetro, construidos a partir del ensamblaje de planchas de polipropileno, quedan suspendidos y flotando, iluminados por una luz cenital. En su interior, escrito en el suelo, con restos de los teleindicadores que se utilizaban para informar en estaciones y espacios públicos –la retro-tecnología forma parte esencial de la obra de este artista-, una frase por modulo: “miedo que anula toda posibilidad de respuesta”, “mentiras reconfortantes y tranquilizadoras”, “someter repartiendo dolor y acumulando poder”, “excluir forzando los limites de la precariedad”. Una franja horizontal de color rojo recorre todo el perímetro de la sala, con la frase escrita “no traspasar la línea roja”. Al igual que sucedía con “Mercado de Valores” se plantean las tensiones individuales, sociales y políticas a las que nos ha conducido el capital, un atolladero que revela los límites infranqueables del mercado y las estructuras de aceptación o exclusión.

    La instalación “Contrato Social” sintetiza estos dos trabajos, con ligeras modificaciones para adaptarlos a los espacios del Museo Barjola. Tanto las piezas de "In-Out" situadas a la entrada, como el gran cilindro que cuelga de la capilla, instalado en la estructura circular, se convierte en un marco espacial que nos invita a reflexionar sobre la globalización, lo real y lo simbólico, el exceso de información y de universalidad en un mercado planetario que desconecta a millones de personas, dejándolas en un limbo social, ni productores ni consumidores, con el estigma de la exclusión. Este conflicto, las vidas desubicadas, la crisis económica estacionaria, la democracia despolitizada, convierten el contrato social en vestigio de otros tiempos, que impide la formulación de un verdadero debate político.

    Comprometido con su época, Julio Mediavilla construye estos contenedores, lumínicos y cromáticos, textuales y conectados, pictóricos y sociales, para reclamar que el arte se debe a su tiempo, que tiene un compromiso con la realidad para abrir agujeros en el sistema.

     

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