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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 02
    Mayo
    2012

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    Conversación entre geometrias

    Herminio

    Geometría del espacio

    Del 27 de Abril al 2 de Septiembre

    Centro Cultural Internacional Avilés

     

    Si Carlos Saura transformó el espacio interior de la cúpula diseñada por Niemeyer ocultando elementos y creando nuevos recorridos para la exposición que él mismo comisarió, de costes cinematográficos y resultados muy discutibles, al menos logró teatralizar el espacio para que sirviera a sus intereses. Otros, sin embargo, como Hugo Fontela se estrellaron en la curva. Nada extraño, pues la cúpula concebida como un ágora más que como un espacio expositivo, con el interior de planta circular, las paredes inclinadas, las columnas en los corredores, unas escaleras sinuosas que imponen su presencia escultural, convierten este espacio en un desafío para cualquier artista o curator.

    Por muy cuestionado que se encuentre el cubo blanco que adquirió gran relevancia durante el siglo XX para la pintura y la escultura y se especule con su sustitución por otros contenedores, el interior de la cúpula no presenta el entorno más adecuado para albergar exposiciones. Y Marina Núñez, inteligentemente, la atacó desde fuera con su «Organismo», una proyección viral organizada por Acción Cultural Española con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz. Pero la cúpula no es una arquitectura que el espectador pueda contemplar sino que el arquitecto brasileño sitúa al visitante en el interior, en una inmersión que le convierte en partícipe de la experiencia del lugar, iluminado por una gran lámpara, un elemento más de esta composición de enorme atractivo y personalidad.

    Con estos condicionantes Herminio (La Caridad, 1945) afrontó esta muestra como una conversación entre geometrías. Sus piezas mágicas, de líneas rectas, consiguen mantener la presencia y entablar un diálogo, como una de las posibles estrategias para sobrevivir a la abundancia de la curva. Y, a pesar de una cierta concentración de piezas en algunas zonas, logra hacerse oír, manteniendo un coloquio productivo. Pero además el recorrido por un léxico que cuida los aspectos formales y se desborda en la ingravidez resulta de un innegable atractivo. El equilibrio, las tensiones, el movimiento, los problemas físicos relacionados con la gravedad son cuestiones recurrentes en la obra de este artista con presencia en museos y colecciones nacionales e internacionales.

    En esta exposición conviven obras de una gran rotundidad volumétrica -cubos, líneas rectas que se quiebran el aire- próximas al minimalismo con otras más intimistas como aquella que refleja en un espejo el movimiento continuo, un imposible que nos fascina. Hay notas de color -rojos y negros- y la hibridación de diferentes lenguajes enmarcados en un universo de fuerzas que alterna lo pesado y lo liviano, la materia y la «antimaterialidad», consigue en todo momento un resultado de gran singularidad. La geometría se convierte en la protagonista de esta aventura que juega con lo oculto para sorprender y los imanes, que Herminio maneja con sabia maestría, situados en el interior de las piezas, despliegan sus campos magnéticos permitiendo desafiar los principio de la física y trasladándonos a un territorio lúdico. Sin duda, Herminio ha conseguido construir un mundo estético en el que conviven el vértigo de los volúmenes y la poética de la energía. 

     

     

     

     

     

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