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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 15
    Junio
    2011

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    De lo pétreo a lo líquido

     Nuñez Arias

    Pinturas

    Del 26 de Mayo al 20 de Junio

    Galería Amaga

     



    La preocupación por el paisaje de Núñez Arias se remonta a sus primeros trabajos, cuando convirtió los acantilados del occidente asturiano en el principal motivo iconográfico de su obra, no en el sentido tradicional del paisajismo, sino acercando la mirada, realizando un primer plano que le permitió explorar las irregularidades y las texturas de la roca, «transformando -en palabras de Javier Hernando- la representación de un espacio abierto en una imagen abstracta», una abstracción que se podía situar dentro de los lindes del expresionismo abstracto. A partir de la década de los noventa la materia pétrea se transformó en una atmósfera fluida y aquel universo geológico y estático derivó en un mayor dinamismo de la masa cromática. En la pintura de esta época la representación del paisaje se hace más evidente, pero, también, los pronunciamientos interiores y emocionales. Sin embargo, esta realidad se encontraba menos condicionada por la naturaleza y más cercana a una construcción mental, un lugar sedimentado en las emociones.

     

    En esta nueva serie que presenta en Avilés, cuyos antecedentes hay que rastrear en la muestra «Luz en el agua» que exhibió en la galería Vértice en el año 2009, lo pétreo ha dado paso a lo líquido, a lo acuoso, y el paisaje se define mediante una calculada abstracción que no renuncia a lo explícito. Ciertamente no asoma una imagen reconocible, pero la figuración le toma el pulso a la mancha adentrándose en sus dominios y dejando su huella. Se podría hablar de paisajes marinos en los que domina la serenidad, sin estridencias ni convulsiones, con el peso de la pintura aligerándose en la parte superior, haciendo visible un horizonte que contribuye a dar credibilidad a algunas notas figurativas. Y más allá de las estructuras compositivas, de los desplazamientos y las yuxtaposiciones, nos encontramos con la luz como un elemento esencial, tratada como un bloque que estalla en el centro y se derrama por el agua, vibrando y desplazándose por la trama pictórica.

     

    En estos paisajes también se encuentra presente el despojamiento que caracterizaba sus anteriores trabajos y la misma contención en el color que ha definido, desde siempre, una obra que ha preferido el silencio y el susurro tonal antes que cualquier desbordamiento cromático. En este sentido, la lectura del paisaje que realiza Núñez Arias se encuentra próxima a la melancolía, reflejo del malestar ante el alejamiento y el deterioro de la naturaleza.

     

    Cabría, por último, preguntarse por la vigencia de la abstracción, una de las mayores aportaciones de la modernidad. Núñez Arias se sirve de los gestos y de las acciones para que se mantenga lo que queda de la pintura abstracta, un vocabulario que tiene más relación con lo visible que conceptos como unicidad y autenticidad que fueron su verdadera esencia. Y su pervivencia depende de su capacidad para transformarse en signo, imagen u objeto, más acorde con una sensibilidad actual que traspasa los límites entre diferentes disciplinas.

     

     

     

     

     

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