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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 07
    Julio
    2013

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    Dibujar las relaciones sociales

    Begmon

    Constantes vitales

    Del 21 de Junio a 15 de Julio

    Galería Amaga

     

    La obra de Belén García Montoya (Begmont) (Gijón, 1975) licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y la Universidad de Sevilla puede entenderse como una investigación que le permite organizar y estructurar sentimientos, relaciones y emociones en una sociedad compleja que la artista trata de representar reduciéndola a mínimas expresiones y situaciones pero sin perder un ápice de realidad. Sus dibujos se relacionan con el cómic y la ilustración, con una línea de trabajo muy pegada al terreno, a la inmediatez y a sus propios recorridos, habitualmente por una geografía urbana. Desde la exposición «De continuo» (Galería Texu, 2011) un retablo de la cotidianeidad que presentaba breves escenas que se sucedían sin interrupción hasta la muestra «MacGuffin» (El arte de lo imposible, 2012) hay un cambio de registro que afecta menos a la parte gráfica que al concepto. Sirviéndose de una pista falsa relacionada con Mac Guffin -expresión acuñada por Alfred Hitchcock para designar una excusa argumental- la artista crea un elemento recurrente, una caja de cartón blanca que forma parte de la trama de sus historias y facilita la expresión de las vivencias, los miedos, las soledades.

     

     

    En «Constantes vitales» recurre, de nuevo, a la caja de cartón pero en esta ocasión no como algo externo sino integrada en la cabeza de los personajes. «Las constantes vitales -señala la artista-, son los parámetros que determinan el estado de una persona. Son cuatro: pulso, temperatura, tensión y respiración. Bajo estas cuatro constantes de fondo, se desarrollan una serie de obras, que van más allá de los parámetros médicos, y se acerca hacia un terreno más poético y personal, usando a veces, juegos de palabras, lenguaje metafórico e ironía e intentando transmitir un mensaje vital y positivo».

    En este universo abigarrado, barroco, con diferentes escenas, definido por un trazo rápido, suelto y sencillo, se recurre al bocadillo, tan propio del cómic, para expresar los sentimientos, al uso de onomatopeyas, al texto como parte esencial del relato dibujístico. Por otra parte los colores vivos y el dibujo marcado nos llevan al mundo una expresión tamizada por una poética optimista que renueva la confianza en lo humano. En estas historias el discurso retorna como una efusión de mensajes, un diálogo, rico, abierto y sugerente, triste, ácido o esperanzado, una hibridación de singular contenido entre lo textual y el dibujo.

    Cabe destacar la exposición e intervención en el proyecto, junto con Marianna Nieddu, «Centri-fugados» seleccionado en el Concurso el «Otoño del reciclaje» de Emulsa y Laboral Centro de Arte. La instalación, en una línea reflexiva y ecologista, trata de sensibilizar mediante pequeñas hornacinas, donde se plantaron semillas de diferentes especies protegidas, configuradas a modo de invernaderos realizados con puertas de lavadoras.

    La obra de Begmont atenta a su entorno tiene la potencia de quien ha colocado los formalismos en un segundo plano, sin obviarlos pero sin obsesionarse, y ha construido un paisaje humano con un vocabulario y un leguaje que, con influencias, resulta ciertamente personal, un mundo con un toque onírico de una potencia seductora.

     

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