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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 19
    Octubre
    2011

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    El malestar del presente


    XXII Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias

    Del 13 al 30 de Octubre

    Casa Municipal de Cultura de Avilés

     




    Cuando se han arrinconado todas la palabras a excepción de crisis y mercado, cuando todo se desmantela para que el futuro sea un montón de ruinas y pasto de especuladores, cuando se trata a Grecia como un país apestado olvidando todo lo que le debemos a Atenas, cuando la cultura se analiza en términos de déficit económico obviando sus valores simbólicos, cuando vivimos en medio de una vorágine devastadora, conseguir que la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias llegue a su vigésima segunda edición parece más un milagro que el resultado lógico de un trabajo que tiene en su continuidad uno de sus mejores argumentos. Sin duda, la Muestra y la Sala Borrón representan dos pilares básicos sobre los que se asienta la programación de artes visuales del Gobierno del Principado de Asturias y el hilo del que tirar cuando se quiere recomponer la historia de la joven creación plástica asturiana. Un archivo, un patrimonio que merece la pena conservar y enriquecerlo mediante la continuidad de ambos proyectos.

     

    En esta ocasión Benjamin Weil, comisario de la presente edición, destaca el interés que comparten los artistas seleccionados «por el continuum histórico expresado a través de un cierto clasicismo formal» que revela las preocupaciones y fricciones entre lo local y lo global, comprensible por la presencia de lo tecnológico en lo cotidiano que ha variado nuestra percepción del espacio y del tiempo.

     

    En esta instantánea del arte asturiano destacan los retratos fotográficos -de pequeño formato- de Félix Carpio que trabaja con un equipo analógico obsoleto con el que consigue resultados singulares, de una gran fuerza y presencia. Los videos en pantallas enmarcadas de Sandra Estrada remiten a coreografías espirituales, a instantes pictóricos, a momentos abstractos y lenguajes corporales. Amalia Ulman revuelve en la identidad investigando en las referencias étnicas para estampar, con la técnicas del «batik», telas que expone a modo de banderas exóticas. Las pinturas de Ernesto Junco, de formato cuadrado son extrañamente formales, pero las diferentes capas que las componen permiten bucear en la abstracción, vislumbrar el paisaje y reflexionar sobre la seriación, unos patrones que se repiten y pueden recordar a los códigos QR. Los dibujos y grabados de Verónica García Ardura se configuran como una instalación, una red paisajística interconectada, sutil y con una gran potencia visual. El trabajo de David Martínez mantiene un compromiso social y evoca lo industrial mediante una instalación sobre una mesa de un complicado aparataje de laser, espejos y un dispositivo que produce vapor y hace visible el haz luminoso. La pieza de indudable belleza remite al paisaje y a la memoria, revelando lo oculto.

     

    La limpieza en el montaje ha permitido un enriquecimiento del conjunto pero manteniendo la presencia individual, y como sugiere el comisario «resulta fascinante comprobar cómo las obras se retroalimentan entre sí y contemplar el diálogo que surge de su coexistencia dentro del mismo espacio». Los trabajos de estos artistas, de indudable calidad, funcionan como piezas que nos ayudan a rehacer el mapa del mundo, a soportar el malestar del presente.

     

     

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