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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 23
    Marzo
    2011

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    Natalia Casado

    (Des)encuentros

    Fotografías

    Del 2 al 30 de Marzo

    Casa Municipal de Cultura de Avilés

     

    Las fotografías de Natalia Casado (Gijón, 1977) se encuentran inmersas en una «huelga de los acontecimientos», son relatos cotidianos en los que no pasa nada significativo, quedando como restos de la realidad de gente normal y corriente, microhistorias salvadas del olvido por el encuentro fortuito con un gesto, una luz o una tonalidad, que sorprendieron a la fotógrafa. «Quiero -escribe la propia artista en los "Papeles Plástica"- captar la esencia de los días idénticos a sus predecesores e iguales a los que los seguirán, en los que nada ocurre distinto a lo que ocurrió ayer o a lo que ocurrirá mañana».

     

    Licenciada en Filosofía y en Documentación, máster en Documentación Digital y posgraduada en Fotografía Digital por la Universidad de Valencia, ha vivido durante los últimos tres años entre Asturias y Europa del Este. Trabaja como fotógrafa freelance, colaborando con el Ministerio de Educación y con varias agencias de fotoperiodismo. En 2009 obtuvo una beca «Cajastur» para la realización de un proyecto personal sobre la antigua Unión Soviética. Ha recibido premios y accésits en certámenes fotográficos («Jóvenes creadores» 2008 del Ayuntamiento de Madrid, «Revelados 07» de la Obra Social de Caja Madrid, premio «Luis Gonzaga») y ha resultado finalista en el programa de exposiciones «Culturaquí» 2010 y en el II Concurso de fotografía «Mundo rural». «(Des)encuentros» es su primera exposición individual y, sin embargo, tiene muy claro lo que quiere contar y cómo lo quiere expresar.

     

    Su trabajo se puede adscribir al documentalismo intimista. No se trata de construir historias, ni de denunciar, ni de buscar la belleza ni siquiera de experimentar o transgredir, más bien estas imágenes se han elegido por lo anecdótico y la sencillez, la realidad del día a día contaminada de subjetividad. A la artista no le interesan las excepciones, sino esos instantes en que los niños juegan, los abuelos pasean con su nietos o un perro recorre con la mirada un cementerio. Estos personajes son cazados en la calle, inmersos en una realidad intrascendente que Natalia refleja con su cámara. Son encuentros agradables que remiten más a cuestiones técnicas de fotografía -el encuadre, la iluminación- que a razones sociales, a pesar de reflejar vidas anónimas y un paisaje urbano vivido como una experiencia del no lugar. Es un mundo tranquilo, que refleja sus viajes a la Europa del Este, y que la artista recorre, a diferencia de cualquier viajero en busca de la postal, apostando por lugares que pasan desapercibidos, favoreciendo esos encuentros que producen en su obra una deslocalización espacial y temporal. Esta situación tan actual expresa perfectamente la angustia que nos produce saber que ya no estamos en ningún sitio.

     

     

     

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