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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 24
    Octubre
    2013

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    Paisajes de porcelana

    María Bofill 'Arquitectura de paisaje'

    19º Certamen 'San Agustín' de Cerámica

     Centro Municipal de Arte y Exposiciones.

     

    La escultura cerámica con algo más de medio siglo de historia ha tenido un rápido desarrollo gracias a figuras como María Bofill (Barcelona, 1937) una de las históricas ceramistas que renovó el concepto y la forma cerámica en el siglo pasado y sigue activa emprendiendo nuevas narrativas en las que se fusionan añoranzas clasicistas con énfasis contemporáneos. Formada en la Escuela Massana de Barcelona de la que posteriormente sería profesora, continuó sus estudios en la Hammersmith College of Art and Building, en Sunderland Polytechnic of Art and Design, Sunderland y en Kyoto City University of Arts. Ha realizados numerosas exposiciones nacionales e internacionales y desde 1981 es miembro de la Academia Internacional de Cerámica, Ginebra.

    En 1980 abandona el gres y la porcelana se convierte en su material preferido por las posibilidades 'de transmitir características contrapuestas: dureza-fragilidad, ornamentalidad-rigor, mediterraneidad-universalidad, clasicismo-modernidad, abarcable-monumental', como ha señalado Antonio Garrido Bueno en el imprescindible catálogo 'Escultura Cerámica Ibérica Contemporánea' de la no menos interesante exposición que con el mismo título se celebró en el Pazo de Cultura de Pontevedra en 2007.

    Pero la porcelana que tiene connotaciones decorativas en manos de María adquiere una fuerza renovadora principalmente porque la artista no busca la perfección sino un producto vivo, en tensión. Sus piezas realizadas con planchas y churros se aproximan al minimalismo por la sencillez de sus formas, la seriación y la esencialidad del color. Pueden entenderse como una reflexión sobre el paisaje natural, urbano e imaginario, de una delicadeza próxima a la desmaterialización, arquitecturas que no gritan y expanden la idea de que menos es más. Sus piezas se encuentran impregnadas de una poética mediterránea con un toque oriental, desde sus tazas y vasos 'inútiles' hasta sus laberintos y sus arcos, sus mares y sus lagos, sus montañas y sus nubes, en los que trabaja en la actualidad. El color muy contenido se circunscribe, principalmente, a los blancos, gamas de azules y dorados, consiguiendo una pureza digna de elogio.

    La muestra recorre la última década de su producción, a través de una seria de obras representativas de su trayectoria, y en las que se pueden apreciar sus elementos constructivos recurrentes: la columna, el pilar, el arco. La mano de la artista está presente 'antes del proceso de cocción -como señala Verónica Santos Farto- tornando en ocasiones lo recio en tembloroso, lo liso en horadado, la superficie plana en rugosa e inestable, en una percepción personal de la dicotomía exterior-interior'.

    Sus piezas de pequeño formato, a modo de maquetas, tienen vocaciones escultóricas y arquitectónicas, impregnadas de una poética de la ruina, la arqueología y la memoria que las aleja del concepto de 'bibelot' y las convierte en un claro ejemplo de cómo se pueden romper las limitaciones de cualquier material para alcanzar, con lo humilde, amplios campos creativos, paisajes de porcelana.

     

     

     

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