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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 07
    Junio
    2012

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    Remezclar dibujos

    Nacho Suárez

    Dibujos manipulados

    Del 30 de Mayo al 14 de Junio

    Galería Lola Orato

     

    Lejanos quedan los tiempos en los que Nacho Suárez (Avilés, 1985), licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, practicaba una pintura matérica, otorgando gran importancia a la superficie, que rayaba, dejando en la piel del cuadro diversas conmociones. Pero ya entonces mantenía un espíritu investigador que le llevo a ensayar en «Pictorialismo Post Scriptum» (Sala Borrón, 2010) la hibridación entre pintura y fotografía, construyendo una imagen muy elaborada y teatralizada. Y en Kanon (Sala Vorágine, 2011) profundizó en estos préstamos y transferencias entre lenguajes, con la seguridad de haber encontrado un lugar regurgitando un buen puñado de influencias de diferentes movimientos y épocas, que otorgaban a la propuesta un gran interés por cómo creaba una simbiosis entre fragmentos de la historia del arte y la estética publicitaria. Sin embargo en esta ocasión parte de dibujos propios que fotografía y manipula digitalmente para posteriormente imprimirlos en lienzo, superponiéndolos de dos en dos, y pintando sobre ellos, aunando diversas técnicas en las que ha venido trabajando en los últimos años. Y no se puede olvidar que el dibujo ha alcanzado una «renovada importancia» en las últimas décadas como expresaban los autores de «Arte desde 1900», hecho que podía entenderse «como una meditación sobre el destino de las artes bajo las presiones de las tecnologías avanzadas».

    Este largo y complejo proceso de elaboración, repartido a partes iguales entre lo manual y lo digital, produce como resultado unas imágenes que parten de la figuración -rostros de mujeres- para alcanzar un grado de indefinición que mantiene zonas de contacto con el expresionismo, dejándose conquistar por lo grotesco y lo deforme. Continúa así la investigación sobre la apropiación, el original y lo manual que desemboca en reciclaje, copia y manipulación por ordenador, buscando nuevos relatos a partir de imágenes ya producidas, aunque, en esta ocasión, estaríamos hablando de auto-apropiacionismo. Y como viene siendo habitual en su obra el espacio narrativo se construye con lo femenino como protagonista. 

    El artista parte de la asociación de dos identidades para llegar a una nueva realidad, una imagen plural, contaminada por el dibujo, la fotografía, la infografía y la pintura, con una indudable fuerza y atractivo visual. Pero en la sala podemos contemplar, también, los dibujos de partida, que exploran la individualidad antes de fusionarse, generando un momento evocador. El artista inscribe a estas mujeres en el dominio de la caricatura y el estereotipo, pero cuando se unen alcanzan una nueva personalidad, entrando en la dimensión de lo subjetivo individual. Esta producción se encuentra próxima a la estética del «remix», música producida a partir de otras grabaciones, un paisaje cultural propio de la postmodernidad que Nacho ha sabido aprovechar para crear una remezcla de dibujos con los que obtiene un producto diferente y de mayor singularidad que el original.

     

     

     

     

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