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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 14
    Marzo
    2013

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    Tiempos de barbarie

    XXIII Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias

    7 al 27 de marzo de 2013

    Casa Municipal de Cultura de Avilés

     

    En estos tiempos ácidos y oscuros, de barbarie, que la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias haya sobrevivido y llegado a su vigésima tercera edición, a pesar de los temporales que sacudieron en los últimos años la costa política asturiana, es señal de su consolidación y fortaleza en el entramado visual de esta Comunidad. La apuesta por proyectos de riesgo e innovadores, tanto en sus aspectos formales como conceptuales, que caracterizó las distintas ediciones, se visualiza de forma más directa en la presente, con la instalación, el vídeo y la fotografía como soportes y técnicas preferentes de los artistas seleccionados, con propuestas sensibles a la realidad que les ha tocado vivir. Unas circunstancias difíciles que se reflejan en las distintas obras hasta el punto, que como señala el comisario Luis Feás Costilla, «haya en ellas una fuerte presencia de lo real en sus aspectos más sombríos».

     

    La ganadora del Premio Asturias Joven de Artes Plásticas ha sido Mónica Cabo (Oviedo,1978) que trabaja en proyectos de gran interés, lúdicos, críticos y transgresores, muy relacionados con el género, tratando de romper las normas vigentes e introducir el desorden mediante una dialéctica de indudable contenido político, como sucede la pieza «Partirse en dos», una caja de ilusionista que permite separar el cuerpo y escindirse en dos mitades. Por su parte Marcos Arroyo (Langreo, 1989) presenta una instalación con quince fotografías pertenecientes a su serie «Noir», con el color negro hilvanando términos como lo siniestro y el terror manifestándose en lo cotidiano, en una atmósfera cargado de simbolismos.

     

    Regina Dejiménez (Madrid, 1984) presenta una instalación realizada con papel fotográfico, objetos encontrados y bordados sobre tejido de lino, un esquema poético que parte de las texturas del iris para relacionarlas con el cuerpo, el paisaje y la mitología cultural, mediante cinco estratos de lectura. Las fotografías de Úrsula Faya (Villaviciosa, 1980) muestran «Urbes», título de la serie, tecnificadas y deshumanizadas, de hecho son tomas ampliadas de placas base de ordenador que reflejan como nuestras ciudades, nuestra realidad se encuentran dominada por la electrónica y los flujos de información.

     

    Mario M. Martínez (Gijon, 1988) presenta una animación digital realizada a partir de xilografías y linograbados, de estética de fanzine y gamberra, a lo que contribuye la música del grupo Stasi, para originar una crítica al modelo social actual, rompiendo el círculo en el que nos tienen encerrados. Los trabajos de David Martínez Suárez (La Hueria, San Martin del Rey Aurelio,1984) están recorridos por una estética de lucha y resistencia, un compromiso que no descuida aquellas aspectos más formales de la obra. En «Colapso», un proyecto formado por fotografías y un vídeo alta definición, se sirve del humo como elemento plástico para hablar de malestar y los conflictos e incendios sociales. Por último citar a Nerea S. Lorences (Puerto de Somiedo, 1983) cuya pieza «Ruina sobre ruina», título que recuerda el texto de W. Benjamin sobre el vendaval de la historia, realizada con azulejos, espuma de obra y papel estampado sobre tabla, una copia mimética de un fragmento pared, reclama una mirada sobre lo abandonado y deteriorado, aunando plástica y compromiso, la catástrofe y el olvido.

     

     

     

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