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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 14
    Agosto
    2013

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    EL PIRATA PICARDO

     Continúa subiendo peldaños la escalada verbal entre los Gobiernos de Madrid y Londres merced a las fechorías del ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, un  socialista-laborista que desde que llegó a su cargo no ha hecho otra cosa que hacer crecer sus negocios ilegales a costa de España.

     

    Van saliendo cosas a la luz pública que explican las animosidades antiespañolas de Picardo, como su participación, a través de su familia, en el negocio del abastecimiento de combustible para embarcaciones, incluidos grandes barcos, desde buques-tanque anclados en aguas españolas próximas a Gibraltar. Es por eso, y no por preservar la fauna marina impidiendo a los pescadores de Algeciras faenar (los cuentos para los niños), que al jefe del Ejecutivo gibraltareño se le ha ocurrido tirar bloques de hormigón. Se trata de adueñarse de unas aguas, de inequívoca soberanía española, para sus negocios particulares actuales y para ir preparando el camino a otros futuros, lo que hace imprescindible rellenar sobre mar hispano.

    El Gobierno de España, en principio, ha reaccionado bien, oponiéndose frontalmente a la política agresiva de hechos consumados del Gobierno de La Roca, pero, junto con declaraciones pertinentes y actuaciones ajustadas a derecho, como incrementar el control en la aduana de la verja para impedir el contrabando de drogas y tabaco, se están haciendo manifestaciones alegres que no ayudan en nada a reconducir el problema, como, por ejemplo, la advertencia de llevar el asunto ante el Consejo de Seguridad de la ONU, donde tanto Reino Unido como su aliado incondicional, EE UU, tienen derecho de veto. Tampoco pienso que sea útil, mas bien al contrario, trasladar el contencioso al Tribunal Internacional de La Haya o a las instituciones europeas. Otra cosa en que, si se diera una ofensiva diplomática británica, nuestro país lleve el asunto de Gibraltar ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU, también llamado de “Los 24”, y que este traslade nuestras demandas a la Asamblea General, donde las resoluciones se toman por mayoría, como ya ocurrió en el pasado. Los países iberoamericanos pueden ser unos buenos aliados en el contencioso, no olvidemos que Argentina mantiene viva su reivindicación sobre Las Malvinas, que recientemente ha sido apoyada por todos los países de habla hispana del continente americano y que los argentinos no olvidan que el Gobierno de España, que presidía Leopoldo Calvo-Sotelo, apoyó sus tesis, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en pleno conflicto bélico por la soberanía de las islas.

    Pero, seamos prácticos, lo verdaderamente eficaz para hacer retroceder a Picardo e invitar a la reflexión al Gobierno británico es mantener la presión en la aduana, denunciar ante los organismos internacionales las prácticas ilegales de trasvase de combustible en el mar, obligar a los gibraltareños que tienen  residencia en Gibraltar, pero que en realidad viven en España, a que paguen sus impuestos en nuestro país, cobrar un fuerte peaje por las líneas telefónicas, impedir a las empresas fantasma radicadas en Gibraltar operar en España, etc. Como muy bien han descrito los propios ingleses, se trata de cogerlos por el cuello y asfixiarlos económicamente.

    Si España se mantiene firme yo estoy convencido que se impondrá la racionalidad, porque las declaraciones del Gobierno de Londres amenazando con llevar a nuestro país ante organismos internacionales no son mas que bravuconadas del que no tiene argumentos sólidos para defenderse y porque, además, sería una iniciativa muy peligrosa para los que mantienen un centro financiero como la “City”, con toda su red de chanchullos y paraísos fiscales, ponerse en primer plano ante la justicia y opinión pública  internacionales. Otra cosa es que los británicos nos pueden hacer daño, impidiendo a sus ciudadanos viajar como turistas a España y cosas por el estilo. Pero ellos no saldrían indemnes y no están las economías de ambos países para tonterías.

    El pirata Picardo y sus corsarios deben volver sobre sus pasos y dejar que los mayores se entiendan.

     

     

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