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JJJ Suárez

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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 03
    Febrero
    2013

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    EL VÍA CRUCIS DE RAJOY

     El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  merced a los papeles de Bárcenas, ha comenzado, junto con su Gobierno y su gente de confianza, un penoso vía crucis cuyo final es predecible.

    Rajoy ha caído en desgracia y, pase lo que pase, ya no levantará cabeza, pero su camino hacia la dimisión no debería ser muy largo, porque este país, ya azotado por la crisis económica y social, no resistiría un Gobierno sin capacidad moral para tomar decisiones, desprestigiado y odiado por una gran parte de los ciudadanos, incluso por muchos que, con su voto, depositaron su confianza en el Partido Popular.
    D. Mariano ha tenido la mala suerte del descubrimiento de la cuenta en Suiza y que la publicación en la prensa, primero en el diario El Mundo y luego en El País, de los papeles manuscritos del ex-tesorero del PP coinciden con una coyuntura social dramática, con 6 millones de parados y muchas familias pasando serias dificultades para salir adelante y de que a los números rojos de muchas empresas hay que sumar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores gracias a la Reforma Laboral que aprobó su Gobierno. Este estado de irritación generalizada ha hecho que los ciudadanos, hartos ya de tantos sacrificios, no estén dispuestos a pasar ni una más a los políticos. Además, Rajoy tiene también su Judas, que colabora con los nuevos romanos (algunos poderes fácticos y la prensa intrigante) para crucificarlo.
    Por si todo esto fuera poco, el PSOE, que estaba bajo mínimos, con una dirección hipotecada por los graves errores del pasado reciente y sin alternativa alguna al drama que viven los españoles, se ha subido al carro de la agitación con convocatorias callejeras y declaraciones incendiarias de su secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba, eso sí, con muy poco éxito, porque los españoles son perfectamente conscientes de que los socialistas no pueden dar lecciones de honestidad a nadie. Si hay alguna encuesta que dice que si ahora hubiera elecciones generales el PP perdería 50 escaños, también es significativo que el PSOE no remonta unos resultados electorales que han sido los peores desde la Transición Democrática, tanto en elecciones generales, como de CC AA y ayuntamientos.
    Una frase que se escucha continuamente en las tertulias y se lee en sesudos editoriales es que la gente está desencantada y ya no se cree nada de lo que le dicen los políticos, pero propagar este discurso, además de muy peligroso para la democracia, es esparcir la mentira, porque es cierto que a los partidos mayoritarios y a sus dirigentes ya no se les da ningún crédito, con sus patrañas sobre las armas de destrucción masiva en Irak, la negación de la crisis o los “brotes verdes”, por ejemplo, se lo han ganado a pulso, pero todavía hay personas entre los políticos, pocas, esa es la verdad, a las que compraríamos un coche de segunda mano y que irían con la cabeza muy alta a entrevistarse con la Sra. Merkel.
    El panorama político que se presenta en el horizonte inmediato es desolador y es una incógnita cual puede ser su desenlace. Con la crisis que padece España, no nos podemos permitir meses e incluso años de incertidumbre y de falta de liderazgo. Los poderes económicos de este país deben ser conscientes de ello, pero no pueden caer en el error de apoyar salidas pseudodemocráticas que tendrían un corto recorrido y podrían empeorar las cosas.
    La única alternativa seria, guste o no, aunque aún es un grano de mostaza, es el frente cívico “Somos mayoría”, una idea lanzada por Julio Anguita, (todavía queda alguien en quien confiar) que trasciende ideologías y entre cuyos objetivos está la regeneración política y social y la toma de medidas de choque contra la crisis económica que nos permitan salir del pozo. Pero, uno de los problemas iniciales es que D. Julio (maestro retirado con su pequeña pensión, pues renunció a la de diputado) no quiere volver a la política activa y liderar el movimiento. Sin embargo, muchas cosas podrían cambiar si los acontecimientos se precipitan.
     

     

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