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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 16
    Diciembre
    2012

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    LA CONCERTACIÓN

     El Gobierno del Principado de Asturias, que preside el socialista Javier Fernández, ha llegado a un acuerdo con sindicatos mayoritarios y la Federación Asturiana de Empresarios para pactar una nueva Concertación Social a la que, sobre el papel, se dedicarán 2.279 millones de euros en los próximos tres años. Digo sobre el papel porque, como ya había comentado en ocasiones anteriores, los Presupuestos del Principado para 2.013 son virtuales, al contemplar ingresos que será imposible recaudar y a finales del próximo Ejercicio la realidad, como siempre, impondrá su ley.

    ¿Se acuerda usted de aquella canción del grupo “Los ilegales” que decía: “vuelve la litrona y el paro juvenil; el rock es violencia; he visto la luz; vuelve el Heavy  metal?, pues bien, ahora ha vuelto la Concertación Social.
    Entre los muchos enemigos que tuvo el efímero Gobierno de Foro Asturias estaban precisamente los llamados “agentes sociales”, que hicieron todo lo posible, junto con el Tripartito que formaron (hay fotos que lo dicen todo) PSOE, PP e IU, para poner todo tipo de zancadillas a Francisco Álvarez-Cascos, eso sin contar con la colaboración entusiasta del Gobierno central de Mariano Rajoy en el aquelarre. Cascos entró en la política asturiana como un elefante en una cacharrería, porque las cosas habían cambiado mucho desde los magníficos enfrentamientos dialécticos entre  D. Francisco y Tini Areces en el Ayuntamiento de Gijón. Durante años de Gobiernos de la pseudoizquierda se habían fraguado alianzas inverosímiles y tejido una tupida red de intereses personales y corporativos que habían convertido nuestra tierra en un cortijo para empresarios sin escrúpulos (que vendían los pisos a tres veces su costo), organizaciones sindicales (que gestionaban a su antojo cientos de millones de los Fondos Mineros y de la Formación), e individuos que habían hecho de la política su modus vivendi, proliferando familias y clanes que se repartían los cargos públicos en ayuntamientos, Junta General, Procuraduría, Ejecutivo, Sindicatura de Cuentas y decenas de chiringuitos que crecieron a su sombra como hongos. Por eso los asturianos, que estaban hasta los mismísimos, muchos de izquierda, votaron a Foro Asturias, con la intención de utilizar el partido de Cascos como ariete para acabar con aquel estado de cosas. Pero, aquel partido hecho aprisa y corriendo, que el secretario de Organización del la FSA-PSOE, Jesús Gutiérrez, tildó de “ultraderecha”, algo parecido a lo que sucedió con el presidente Adolfo Suárez, que había sido Secretario General del Movimiento, en la praxis tomo algunas medidas verdaderamente progresistas para los tiempos que corren, como mantener los servicios sociales básicos, reducir drásticamente gastos insultantes, como móviles y vehículos de alta gama, y, sobre todo, entró a saco contra la alianza de la vergüenza que se venía perpetuando en Asturias. Eso le costó el Gobierno, pero si Foro Asturias no hubiera agitado ese árbol (como en el caso del Niemeyer) no hubiera caído nuez alguna.
    En esta nueva reedición de la Concertación Social, que nada tiene que ver con un verdadero acuerdo, mucho mas amplio, para sacar a Asturias de su profunda crisis, el dinero público del cuento de la lechera no es lo mas importante. Pero, gracias al Gobierno socialista de Fernández, los sindicatos mantienen un protagonismo que ya no se corresponde con su falta de prestigio entre los trabajadores y seguirán gestionando a su antojo los fondos para la Formación y los empresarios, que no recibirán el dinero prometido para infraestructuras, si dispondrán de jóvenes trabajando casi gratis bajo la coartada (este asunto va a dar mucho que hablar) de la Formación Dual, un invento de las derechas europeas que nada tiene que ver con los aprendices de antaño y si mucho con la semiesclavitud que los ricos quieren imponer a los trabajadores para, en estos tiempos de vacas flacas, mantener sus plusvalías.
    Qué equivocados están. 

     

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