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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 23
    Julio
    2013

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    LA GRAN QUIEBRA

     La ciudad norteamericana de Detroit, también conocida como Motor City, por el auge que tuvo en el pasado reciente su industria automovilística, se ha declarado en quiebra, al no poder hacer frente a una deuda de 18.000 millones de dólares. El caso de Detroit no es una singularidad en los EE UU, ya que, desde el año pasado, se han declarado en quiebra otras 7 ciudades. En la mayoría de los casos la causas han sido la crisis económica y la explosión de la burbuja inmobiliaria, pero hay algunos otros (aconsejo tomar buena nota) donde, por ejemplo, el motivo de la quiebra ha sido la construcción de una incineradora, como ha sucedido en Harrisburg, Pensilvania, aunque esta bancarrota fue rechazada por las leyes del Estado.

    Sin embargo, lo llamativo de la noticia no debería ser la quiebra de esas ciudades, o en concreto de Detroit, porque esa medida es un proceso legal que permite a una persona física o jurídica, que no pueda afrontar sus obligaciones de pago, descargarse de la responsabilidad de afrontar alguna de ellas, sino la calamitosa situación socioeconómica en que se encuentran condados enteros en los EE UU. Las leyes federales permiten a los gobiernos locales declararse en bancarrota siempre que la misma esté permitida por las leyes del Estado y cada uno de ellos impone sus limitaciones y cuantifica y evalúa la situación para que los municipios puedan acogerse a esa medida extrema.

    El caso de Detroit es particularmente patético porque esta ciudad es todo un símbolo de EE UU y de la gran historia de su industria automovilística. El municipio ha perdido el 60% de la población que tenía en los años 50, pero en los últimos diez años ha perdido un cuarto, quedando muchas partes de la ciudad convertidas en barrios fantasma. El análisis de procesos como este es imprescindible para comprender que la actual crisis empezó en realidad hace mucho tiempo, con el fenómeno de la sobreproducción industrial, y que la globalización y el fin cantado del proceso especulador financiero-inmobiliario solo la han agudizado.

    La quiebra de algunas ciudades de los EE UU es solo un grano de arena si lo comparamos con la Gran Quiebra de todo el país con la que el día menos pensado nos podemos desayunar, que no sorprender, si tenemos en cuenta que USA debe mas de 16 billones de dólares.

    En un loco proceso piramidal, la Deuda crece sin cesar y, a pesar de las medidas que castigan sin piedad a los ciudadanos, los Gobiernos se resisten a tomar las iniciativas verdaderamente necesarias, y ya imperativas, para atacar el problema.

    La mayoría de los Estados siguen acudiendo todas las semanas al mercado internacional de Deuda, que es comprada por bancos y fondos de inversión a los que los mismos Estados (la Reserva Federal o los Bancos Centrales) han prestado el dinero a un interés cuatro veces mas bajo. Esto constituye la mayor estafa que se ha comedido en la historia de la humanidad, pero tiene mucho riesgo para los especuladores. Todo se vendrá abajo si los pueblos se niegan a pagar o si cunde el pánico entre los propios traficantes de acciones o papel moneda por algún acontecimiento global grave y quieren valorizar rápidamente los activos basura que han comprado.

    La crisis que padecemos, y lo que ha pasado en Detroit, es peccata minuta comparado con lo que sucederá cuando la Gran Quiebra ponga la puntilla al sistema capitalista.

     

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