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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 19
    Octubre
    2014

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    LA SEGUNDA RECESIÓN Y EL NUEVO FASCISMO

     Están los mercados y las cancillerías nerviosos por el comportamiento de las cifras macroeconómicas y la caída de las bolsas. La economía mundial no se recupera, porque los niveles de crecimiento no son los pronosticados, porque la deflación amenaza las inversiones y porque las medidas que los Gobiernos habían tomado no han dado los resultados esperados. Tras el detonante de la explosión de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas subprime se habían tomado dos vías de actuación divergentes. EE UU y Japón apostaron por medidas keynesianas, sin limitar el déficit y poniendo a funcionar a destajo la máquina de hacer billetes, mientras que la Unión Europea, bajo el dictado de la canciller alemana, Ángela Merkel, se embarcó en una política de ajustes y de limitación del déficit, es decir, lo contrario. Pero, a la postre, ambas soluciones se están revelando erróneas, porque los problemas vuelven a ser comunes para todos, son sistémicos.

    Si lo que se ha dado en llamar “política económica de austericidio” va a provocar en Europa convulsiones sociales y políticas de un calado al que ya no estábamos acostumbrados, las soluciones keynesianas ya no funcionan en un mercado global desregularizado y en un mundo donde el control de los bienes y la riqueza ya casi no están en manos de los Estados.

    Francis Fukuyama exponía una tesis atrevida en su libro publicado en 1.992 “The End of History and the  Last Man”: tras el final de la Guerra Fría, decía, había terminado la lucha de las ideologías con el triunfo de la “democracia liberal”, es decir, del capitalismo. Eso fue aceptado de inmediato por los que estaban encantados de oírlo y lo divulgaron, exultantes, a los cuatro vientos. Fueron años de jolgorio y diversión aquellos, desde los puntos de vista político y económico. Todo el mundo vivía en una fiesta sin atisbar lo que se avecinaba. Solo unos pocos habían detectado el principio de la crisis mundial que ponía de manifiesto la sobreproducción industrial, el agotamiento de los recursos y el trasvase de rentas del trabajo hacia el capital con una intensidad y velocidad crecientes, es decir, las consecuencias de las contradicciones del sistema. El poder mundial cada vez estaba mas concentrado, mientras la mayor parte de la población se empobrecía. Eso nada tenía que ver con las tesis de Fukuyama ni con las teorías económicas de la “Escuela de Chicago”, que tendrían desagradables consecuencias, al contrario, revelaban que las leyes económicas establecidas por Karl Marx en su obra maestra “Das Kapital” se estaban cumpliendo inexorablemente. Era totalmente falso que la Historia se hubiera terminado y ahora lo estamos viendo.

    Parece increíble que un libro publicado en 1.867 nos adelantara lo que íbamos a vivir tantos años después en toda su crudeza. Pero, Marx no era un vidente, sino un filósofo y, sobre todo un científico. Su análisis histórico  concluyó en que la economía, como la física, está sujeta a unas leyes que siempre se cumplen. No viene mal volver a leer “El Capital”, porque nos previene de cual será el siguiente paso del capitalismo después de la concentración del dinero y la riqueza en unas pocas manos y de la anulación, de facto, del poder de los Estados: una dictadura mundial y el fin de la democracia, para que las urnas y la movilización popular no sean instrumento de subversión. ¿No lo estamos empezando a vislumbrar ya?

    La cuestión fundamental no es si vendrá una segunda recesión, sino hasta cuando sobrevivirá el sistema sin desmoronarse y cuales van a ser los nuevos instrumentos de dominación del capital, en esa nueva dictadura sobre los pueblos para intentar salvar las plusvalías obtenidas a costa del sufrimiento de cientos de millones de personas: ¿un nuevo fascismo?

     

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