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Si no hacemos nada, hasta los muertos, convertidos en fantasmas con birrete blanco, emergerán de las tumbas para exigir justicia.


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  • 28
    Julio
    2013

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    LAS REFORMAS DE SEPTIEMBRE

     El Gobierno ha anunciado que después del verano habrá mas reformas, es decir, mas recortes sociales. Las nuevas medidas son imperativas porque algunas decisiones que se habían tomado no solo no han solucionado los graves problemas estructurales de nuestra economía, sino que incluso los han agravado. El asunto mas preocupante para millones de ciudadanos es que se pretende dar otra vuelta de tuerca a las pensiones, bajando brutalmente su cuantía, no tanto de las presentes como de las futuras.

     

    El Gobierno socialista que presidía Zapatero ya dio un buen mazazo a las jubilaciones, aumentando a 67 años la edad para dejar de trabajar, de 15 a 25 años el cómputo de la prestación y congelando los emolumentos de los pensionistas, pero ahora los populares, para no ser menos, también quieren tener su propia reforma, su propio aceite de ricino.

    Los argumentos que esgrimen los políticos y esos expertos cuya opinión siempre apuntala los deseos del poder, por muy injustos que sean, son variopintos, pero inciden especialmente en que si no se toman medidas radicales, siempre en perjuicio de los trabajadores, no será posible la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Pero, ¿porqué se ha llegado a esta situación?, veamos:

    Como es obvio, para poder garantizar que millones de ciudadanos, después de una dilatada vida laboral, puedan acabar sus días con una pensión del Estado es necesario que exista la recaudación suficiente que lo permita, bien vía cotizaciones, bien vía impuestos. Durante muchos años las cotizaciones fueron suficientes porque los trabajadores en activo generaban las plusvalías necesarias para mantener una masa de pensionistas que crecía moderadamente. Este equilibrio se empezó a romper durante la reconversión industrial (en la mayoría de ocasiones solo fue una desertización) donde los Gobiernos se quitaron de encima el problema del excedente laboral recurriendo irresponsablemente a las prejubilaciones. Todos sabemos que centenares de miles de trabajadores se prejubilaron con cincuenta y pocos años e incluso menos.

    Los socialistas, con un falso prurito izquierdista, aumentaron el agujero contable al extender las pensiones no contributivas. Otra pléyade de ciudadanos, que no habían cotizado en su vida, accedieron al sistema público de pensiones. Hay miles de casos verdaderamente sangrantes y colectivos enteros, como los gitanos (cerca de un millón de personas), que gozan de pensiones asistenciales de por vida sin ninguna contraprestación a la comunidad.

    La llegada de la crisis económica ha agravado la situación porque al aumento estratosférico del paro se ha sumado que muchos trabajadores se han tenido que jubilar forzosamente ante el cierre de miles de empresas. La hucha está menguando de forma alarmante y el Gobierno no solo no aporta dinero de unos impuestos que se han derrumbado, mete la mano en el Fondo de Pensiones para otros gastos y compra deuda pública con el dinero que han cotizado los proletarios para que el país no salte por los aires.

    Pero, la generalización de los contratos precarios deja diáfano que muchos trabajadores no podrán juntar nunca los años que necesitan para acceder a una pensión y sus salarios de miseria tampoco les permiten pagar un seguro privado. La bomba de relojería es evidente, porque toda esta gente, cuando ya no pueda trabajar, no estará en condiciones de coger un AK-47, pero seguirá votando y el poder sabe que las revoluciones no las hacen las ideas, sino los estómagos.

    Ya nos han adelantado lo que piensan hacer, se impone la solidaridad, no que los políticos cobren el salario mínimo y aporten el resto al Fondo de Pensiones, no que pongan en cuestión sus recetas fracasadas, sino que los pensionistas que han cotizado toda su vida distraigan una buena parte de sus pequeñas jubilaciones para que los que ni siquiera podrán juntar 15 años de trabajo puedan comer cuando sean viejos. 

     

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