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Antonio Romero

Sobre este blog de Sociedad

Explorando los rincones de España en sus paisajes, caminos, pueblos o ciudades. Historia, arquitectura, naturaleza, cultura o gastronomía de norte a sur y de oeste a este.


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  • 26
    Septiembre
    2016

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    viajes

    Cala San Pedro, territorio hippie

    La Cala San Pedro, en Almería, entre la belleza salvaje y el abandono, resiste casi intocada a la invasión turística e incluso a la civilizadora en un rincón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.

    Pese a las amenazas de su propietario, interesado en explotar económicamente este recodo del Mediterráneo, una comunidad hippie  -de las pocas permanentes de España- no solo lo ha hecho suyo, sino que también parece custodiarlo, asentada en torno a la antigua fortaleza que defendió el enclave de los piratas berberiscos siglos atrás.

    Cala San Pedro, territorio hippie
    Vista general de la Cala San Pedro. Foto: A.R.

    El secreto reside en su aislamiento y en su pequeño manantial.

    A la Cala San Pedro sólo se puede llegar por mar o a pie. Desde la población de Las Negras hay un camino andando de alrededor de una hora, algo escarpado en el último tramo. Por mar, un corto viaje en las zodiac que acercan a los visitantes.

    Además, aquí no llega la luz ni el agua corriente. Es una fuente natural la que da vida al asentamiento y convierte este paraje en un pequeño oasis de aire africano, con el verdor de su escasa vegetación contrastando frente a la palidez descarnada del entorno rocoso que aísla la playa. Las ruinas de una pequeña fortaleza, el Castillo de San Pedro, levantado en el siglo XVI y ampliado en el XVIII, acaban de conferir al lugar un perfil irreal sobre sus aguas cristalinas.

    Cala San Pedro, territorio hippie
    Ruinas del Castillo de San Pedro, sobre la cala. Foto: A.R.

    Hoy, además, ya no amenazan la cala las incursiones de los piratas. Los muros de piedra del castillo sólo albergan una utopía de paz, amor y armonía con la naturaleza.

    Los hippies ocupan más o menos discretamente cuevas o antiguas construcciones abandonadas junto a la playa. El agua está canalizada y se pueden ver algunas placas solares que permiten ciertas comodidades. En la Cala San Pedro hay hasta dos bares. O algo parecido.

    En verano, un tenderete en la playa vende pulseras y otras manualidades. Todo muy hippie.

    Pero, sin los servicios más básicos, el equilibrio es precario. Unas sencillas reglas tratan de concienciar al visitante de que se lleve de vuelta sus desperdicios o de que use las 'letrinas', señaladas con un banderín rojo sobre el terreno...

    Cala San Pedro, territorio hippie
    Un catamarán atracado en la Cala San Pedro. Foto: A.R.

    El encanto salvaje de la playa, en todo caso, no es ningún secreto y, pese a los obstáculos, se llena en verano, en las semanas en las que otro grupo de personas acampa en la arena. Entonces se mezcla el nudismo, más autóctono, con los bañadores, las sombrillas y hasta las neveras y las hamacas.

    Pero en la Cala San Pedro, territorio hippie, vibra una luz diferente. Hay una distancia mayor que las apenas 4 millas de mar que la separan de Las Negras. Si el visitante se confía, algún detalle se lo podría recordar. Quizás si, de repente, con la playa llena, la chica del puesto de pulseritas baja hasta la orilla, esquivando toallas y, frente al mar y frente a todos, se levanta la falda y se acuclilla en la arena...

     

     

     

     

     

     

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