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Antonio Romero

Sobre este blog de Sociedad

Explorando los rincones de España en sus paisajes, caminos, pueblos o ciudades. Historia, arquitectura, naturaleza, cultura o gastronomía de norte a sur y de oeste a este.


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  • 26
    Marzo
    2017

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    viajes Trujillo Cáceres Extremadura

    Trujillo: no quedan más cojones

    "Tierra de conquistadores, / no nos quedan más cojones", berreaba casi Robe Iniesta con Extremoduro, sin mucho amor a su tierra y una curiosa lógica poética que bien pudo tomar como ejemplo Trujillo, pese a su antiguo esplendor. Y no solo por Francisco Pizarro, que nació en esta villa cacereña y conquistó el Perú. O por Francisco de Orellana, también trujillano, que le puso el nombre al Amazonas. Decenas de vecinos de la ciudad se apuntaron a la aventura americana.

    Hoy, cinco siglos después, Pizarro preside desde su gigantesca escultura ecuestre el vasto espacio de la renacentista Plaza Mayor, el primer lugar que puede dejar con la boca abierta al visitante poco advertido en esta villa monumental.

    Edificios y palacios porticados, con curiosos balcones esquineros algunos, como el de la Conquista, enmarcan gran parte del perímetro de la plaza. A partir del siglo XVI, los nobles eligieron para sus residencias este punto de la ciudad, fuera de los muros del Trujillo medieval, y lo convirtieron en el nuevo centro urbano. Aquí se levantó también la mole de la iglesia de San Martín de Tours, y hoy es un lugar perfecto para disfrutar de sus terrazas.

    Trujillo: no quedan más cojones
    Trujillo: no quedan más cojones
    Trujillo: no quedan más cojones
    La estatua de Francisco Pizarro y vista de la Plaza Mayor de Trujillo. Fotos: A.R.


    Remontando desde la plaza se llega a la parte alta, el antiguo recinto amurallado, coronado por el castillo. Antes de alcanzar el punto más elevado, aparece otro puñado de edificios históricos, conventos e iglesias. Junto a las murallas y bajo la imponente fortaleza, orignariamente árabe, el conjunto arquitectónico del barrio viejo se descubre con asombro por calles y plazas. Y entre ellas, sorprende de repente la gran alberca, que al igual que los tres aljibes que conserva la villa también dejaron los árabes.

    —Parece la Toscana... ¿habéis estado allí?—. El comentario, en una conversación entre dos parejas de turistas, podría no ser solo presunción. Aunque más cerca del Atlántico que del Mediterráneo, la apacible armonía de piedra de las calles intramuros quizás evoque lejanamente algún rincón de esa región italiana. Como de otras villas que han conservado su arquitectura medieval, en todo caso. En esta parte, particularmente, todo está recargado de la historia de estirpes de nobles en casas fuertes, alcázares y otras viejas residencias, alternadas con los edificios religiosos.

    Trujillo: no quedan más cojones
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    Trujillo: no quedan más cojones
    Calles del barrio viejo de Trujillo y la alberca árabe. Fotos: A.R.


    Enseguida, sin embargo, las dos parejas de turistas, vascas, advierten el detalle del que están más informados: el escudo del Athletic de Bilbao, indistinguible a simple vista a pie de calle, que adorna un capitel en una de las dos torres de la iglesia de Santa María la Mayor. Un detalle sorprendente que recuerda al astronauta de la Catedral Nueva de Salamanca, aunque algo menos célebre. En 1972, un restaurador trujillano, maestro cantero y forofo del equipo, lo esculpió sin rubor —con el nombre de 'Atlético' que el club llevó durante el franquismo— durante la reconstrucción de esta parte del edificio, uno de los pocos elementos que recuerda su primitivo diseño románico. La ocurrencia deparó una insólita, o friki, comunión entre religión y fútbol y perfiló una de las particularidades de la villa.

    Trujillo: no quedan más cojones
    Trujillo: no quedan más cojones
    Las dos torres de la iglesia de Santa María la Mayor y el escudo del Athletic. Fotos: A.R.


    Con el escudo o sin él, Santa María la Mayor brilla como la iglesia más interesante de una ciudad en la que nunca hubo problemas de sitio para rezar. Hasta una decena se pueden contar, si se incluyen las de conventos y monasterios.

    Toda la grandeza patrimonial e histórica de Trujillo debe mucho a su propia ubicación, sobre un destacado alto que facilitaba la defensa, el cerro Cabeza del Zorro. Esta circunstancia la convirtió ya durante la Reconquista en una plaza clave. De poco le ha servido en cambio en las últimas décadas, pensaría Robe.

    Trujillo: no quedan más cojones
    La Puerta del Triunfo y parte de las murallas. Foto: A.R.

    Trujillo: no quedan más cojones
    Trujillo: no quedan más cojones
    El castillo de Trujillo. Fotos: www.turismoextremadura.com.


    Hoy, de su carácter de fortaleza siguen siendo testigos las murallas, que conservan aún cuatro de sus puertas, y el enorme castillo, levantado entre el siglo IX y el XII y reformado en varias ocasiones. Sus muros albergan una capilla dedicada a la Virgen de la Victoria, patrona de Trujillo, cuya imagen mira a la ciudad desde una ventana, justo sobre la entrada al recinto y entre dos torres almenadas. La talla da la espalda así a los visitantes en el interior, pero un curioso mecanismo hace que gire a cambio de una moneda de un euro, antes de volverse para seguir velando por los vecinos de la villa desde su altura...

    No es cuestión de descubrir ahora esta ciudad milenaria, aunque quizás sí de reivindicarla como Patrimonio de la Humanidad. Porque en Trujillo la sobredosis de monumentos e historia abruma y conquista. Y hay que rendirse. Ante tanta antigua grandeza no quedan más cojones. O lo que sea.

     

     

     

     

     

     

     

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