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Francisco Fresno Fernández

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  • 07
    Junio
    2013

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    EL MARCO PROFESIONAL DEL ARTE

     EL IMPACTO DEL ENTORNO EN LA CREACIÓN ARTÍSTICA

     


    Tras varios meses con espacios de Internet abiertos y públicos, pretendidamente profesionales, en facebook y en dos blogs, uno de ellos en la edición digital de La Nueva España, reflexiono cómo y hasta dónde llega lo que entendemos como marco profesional en el arte.

    Día a día voy añadiendo informaciones en facebook, y algo más espaciadas en los blogs, y, siendo consciente de ello, me doy cuenta de que no existe un límite claro para crear una frontera entre lo que corresponde a la profesión del arte y a otros ámbitos, tanto los más abiertos como los más personales, porque la creación artística es inseparable de la vida, del sentir propio y ajeno, y de todo aquello que uno tamiza de lo colectivo, como los acontecimientos sociales, políticos, culturales...

    En el libro de John Berger, “Fama y soledad de Picasso”, leo esto: “El artista es receptáculo de emociones que vienen de todas partes; desde el cielo, desde la tierra, desde un trocito de papel, una forma que pasa, una tela de araña. Por eso no podemos discriminar entre las cosas. Tratándose de cosas, no hay distinciones de clases”. Tras leerlo, me di cuenta de que el goteo que voy soltando en mi facebook está lleno de estas cosas, algunas de forma literal, incluida la tela de araña y los estados del cielo y de la tierra, ésta como vuelta a la primigenia huerta.

    Pero los estados del cielo y de la tierra también se mezclan con los propios estados del alma en esa paleta íntima que es uno mismo; sentimientos que últimamente me avivan los colores por encima de otras realidades grises y negras, algunas muy generales y reiteradas en el negro de la letra impresa.

    Ayer leí en la revista “Descubrir el Arte” lo que dice su director, Rafael Sierra: Hace algunos años, cuando el presidente Mariano Rajoy era ministro de Cultura, tuve la oportunidad de comer un día con él mientras se fumaba un habano y me dijo, nunca se me olvidará: “Si quiere hablamos de deportes, porque yo de cultura no sé nada”. Hoy solo tenemos que ver cómo están el fútbol y la cultura. El fútbol sigue con contratos millonarios como sedante y anestésico opio del pueblo, mientras que los presupuestos para la cultura menguan y ésta se supedita a otros intereses de los que nada saben de ella porque chupan lo que les da humo. Lo malo es que estos humos tóxicos también llegan a formar parte de nuestros marcos profesionales.

    Howard Gardner, padre de la noción de las inteligencias múltiples, publicó hace unos veinte años el libro titulado “Mentes creativas”, una anatomía de la creatividad a través de las vidas de Freud, Einstein, Picasso, Stravinsky, T. S. Eliot, Marta Graham y Gandhi. En la contraportada del libro viene un comentario de Rudolf Arnheim en el que dice que Gardner ha contribuido enormemente a nuestra comprensión de la creatividad, mostrándonos el modo en que el desarrollo del genio individual interactúa con las exigencias del trabajo y con las oportunidades y los obstáculos del entorno.

    A modo de síntesis también viene en la solapa del libro lo siguiente: “Los individuos creativos se caracterizan por combinaciones poco habituales de inteligencia y personalidad, y, en este sentido, resultan esenciales las circunstancias en que trabajan y las reacciones del grupo de colegas que les rodean. La conclusión es que un elemento fundamental del proceso creativo es el apoyo por parte de los individuos que se interesan y creen en las ideas de los creadores. Pero también que una creatividad extraordinaria casi siempre conlleva un alto precio desde el punto de vista humano”.

    Parece claro, el marco profesional de la creación artística enmarca ésta hacia el particular adentro del creador y, simultáneamente, hacia las afueras de los que ven o no ven, apoyan o no apoyan las ideas de los creadores. No hay un marco de creación individual aislada como no hay tejido sin hilos múltiples. Tampoco surgen brotes en la tierra si ésta no es la adecuada y el cielo y el riego humano no acompañan.

    Sin duda, medios de hoy como las redes sociales y los blogs nos sirven, a veces sin pretenderlo, para abrir ventanas e ir configurando autorretratos compartidos a modo de diario y, quizá, para ejercer en mayor o menor medida alguna influencia, pero la otra realidad de fuera de la pantalla en la que nos encontramos todos a plena luz, nos retrata dentro de ese marco social y político donde se tensa otra red con hilos de supuesta responsabilidad colectiva, sobre todo en casos como en el de este pozo que es Asturias, tierra donde la creatividad no encuentra el riego necesario por las muy pocas y muy pobres combinaciones de inteligencia y personalidad compartidas, mientras el peso de nuestros marcos profesionales se nos va aligerando por el polvo que suelta la acción ciega que alimenta a las polillas.

    (Editado en Tribuna, en la edición impresa de LA NUEVA ESPAÑA, el 7 dejunio de 2013)

     

     

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