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  • 31
    Octubre
    2012

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    Tenerife Nacional Cosas Cine Teatro cultura; espacio: arte

    Mi instituto


    Emotivo encuentro  en el Instituto de Luarca

    Hay muchas situaciones que remueven nuestros recuerdos. El pasado sábado se celebraron los cincuenta años de andadura del Instituto de Luarca. Allí nos reunimos gente de toda Asturias y de otros puntos de nuestra geografía y revivimos juntos viejos tiempos académicos. Medio siglo que ha pasado para los que fuimos alumnos de las primeras promociones. Cincuenta años son casi una vida. Emocionados nos mirábamos con sorpresa y nos hacíamos la misma pregunta, ¿quién será éste o ésta que me «suena» su cara? ¿Su nombre? Estos eran mis compañeros y compañeras de estudios de aquellos primeros años. Emotivos abrazos y apretones de manos. Recorrimos juntos algunas de las aulas y otras dependencias del centro. Todo muy cambiado y adaptado a los nuevos tiempos. Pizarras digitales y ordenadores en las clases, entre otras muchas innovaciones. Mi instituto está modernizado, muy cuidado, y hasta se puede decir que mimado. Y esto dice mucho a favor de todos: profesores, alumnos, equipos directivos, personal no docente? Sinceramente, os felicito.


    Fue estupendo pisar otra vez las aulas, para mí todavía con olor a tiza y a juventud, donde pasé tan buenos momentos, donde viví los nervios de los exámenes y otras emociones fuertes. Aulas donde todavía me parecía escuchar la voz de mis profesores, nuestras risas de adolescentes, o el ruido de los «papelinos» que corrían de mesa en mesa; las travesuras, las «chuletas» y tantas otras cosas. Ensimismada en los recuerdos, sentí cómo por sus pasillos se sigue paseando el amor, las ilusiones, la esperanza, los desengaños y tantas y tantas emociones que no envejecen con el paso del tiempo, que se repiten generación tras generación y que nos hacen tan felices o tan infelices, sobre todo en estas edades en las que se despierta a la vida. Me emocioné y no supe si me había trasladado en el tiempo. Yo, ya abuela de tres nietos guapísimos (como los de todas las abuelas y abuelos), por unos instantes, no supe si era la joven de aquellos años, que esperaba impaciente las notas, o que paseaba en el recreo esperando alguna mirada cómplice del «refresco» de turno. No supe si era la adolescente que me estremecía cuando veía pasar aquel chico de «Preu» que no sé por qué razón me hacía vibrar intensamente. Pero, ausente por unos momentos, no queda más remedio que volver a la realidad. Aunque me parezca que el tiempo nos engaña, en este periodo de cincuenta años, han pasado muchas cosas. Algunas también recorrieron mi memoria. Muchos de los profesores de aquellas primeras generaciones ya no están entre nosotros. También se fueron algunos compañeros y compañeras y otras personas vinculadas al centro. Para todos, un cariñoso recuerdo. Cada uno de ellos ocupa un pequeño lugar en mi corazón.


    Estos reencuentros merecen la pena. El tiempo no duerme. Tenemos que volver a vernos pronto.
     

     

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