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Gurús del Tartiere

Este blog está redactado por Chema Ordóñez, Juan Antonio Ardura y José Luis Salinas, veteranos periodistas de LA NUEVA ESPAÑA.

Sobre este blog de Deportes

Tres aficionados del Real Oviedo comentan sus andanzas y desvelos tras los pasos del equipo en una temporada marcada por la exigencia de retornar al fútbol profesional. No esperen comentarios políticamente correctos ni peloteo.


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  • 14
    Octubre
    2014

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    Esteban y la importancia del tamaño




    El portero más alto del mundo se llama Kristof Van Hout, tiene 27 años y juega en el Genk de la liga de su país, Bélgica. Mide 2,08 metros y pesa 111 kilos. Nunca lo vi jugar pero si me preguntan diría lo universalmente aceptado: que de tan alto es seguro por arriba pero que anda algo más flojo de reflejos. Y que con el pie le cuesta. 

    Esteban es justo lo contrario y le pasa lo que a Casillas, por ejemplo: está mucho mejor en la tierra que en el cielo. El portero del Oviedo mide 179 centímetros, 65 menos que una portería de fútbol (244), pero su estatura nunca le supuso un problema grave porque desde pequeño se acostumbró a arreglar bajo palos sus incursiones suicidas. Él de vez en cuando podía serle infiel al área pequeña, que luego se marcaba unos paradones que te dejaban temblando.

    No sé ahora, pero antes el tamaño era lo de menos. Algo pasó en este fútbol actual de gimnasio, spray y pinganillo que hoy cuesta encontrar a pequeños grandes porteros como Buyo o Arconada, Ablanedo o Jorge Campos, todos ellos por debajo del metro ochenta. Porteros como Esteban, capaz de salir a por uvas y a la siguiente lamer la escuadra y levantar a un estadio entero, y así una y otra vez, porque entonces la portería también regalaba espectáculo, y cuanto más barro mejor.

    Hoy Esteban sufre en Segunda B lo que podría disfrutar en Primera y es normal que el oviedismo brinde con él, convencido de las garantías que puede ofrecer en una categoría que seguramente no le merezca. Su renuncia suscitó el aplauso unánime por lo que tuvo de simbólica, aunque uno también entiende que un deportista que olisquea los cuarenta pueda preferir la comodidad al cheque.

    El domingo en Ferrol falló, a mi juicio, en dos goles: en el segundo y en el tercero del Racing, los que decantaron el partido. Uno fue una salida sin destino, de las clásicas de los porteros, y el otro, sospecho, una error de cálculo: el balón venía del lateral y el pasito al lado era innecesario. Cuando quiso reaccionar era tarde. No por comunes los errores son menos errores. Ni menos graves.

    No va esto de responsabilizar al avilesino de la derrota, sólo faltaría visto lo visto, pero sí de expresar una debate que está ahí: a Esteban hay que pedirle más y tiene que dar más. Es el mayor, el capitán y el que más sabe de qué va esta vaina. Sabe que la seguridad que hasta el momento está transmitiendo –al menos la que se percibe desde la grada- es inferior a su talla, porque hay pruebas de que todavía es el que era; ahí está la mano que sacó el domingo a un cabezazo en el área pequeña.

    Los grandes momentos están por llegar y de ahí saldrá el veredicto final. Pero mal hará el oviedismo si confunde autocrítica con desestabilización. En Ferrol hubo una buena reacción, un árbitro desesperadamente casero y mala suerte, pero antes de ese cuarto de hora de arreón hubo un primer tiempo y un desenlace horribles que obligan a sacar conclusiones. Por ejemplo, que Cervero y Linares se estorban menos de lo que se pensaba o que los laterales son vitales para el equilibrio del equipo. El Oviedo es igual de bueno ahora, que no está en play-off, que hace unos días, cuando era líder. Se trata de aprender y dar pasos adelante. Empezando por Esteban.

     

    Miguel L. Serrano.

     

     

     

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