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Hay que ser fan de lo que hay
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Rosa Lombas

Me llamo Rosa Lombas, tengo 26 años y soy de Oviedo. Me gustan la ciencia ficción, el feminismo y la música rock. Estudié filosofía, así que no tengo un oficio definido. En marzo de 2016 me diagnosticaron leucemia. Ingresé entonces en el HUCA, desde donde escribo este blog.

Sobre este blog de Salud

Leucemia con humor


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  • 19
    Diciembre
    2016

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    Oviedo salud

    Capítulo quinto: La vuelta a casa

    Parecía imposible, pero aquellos 40 días pasaron. Y entre medias cumplí 27 años, un cumple muy especial. Podría haber sido triste, pero esto quedó descartado en el momento en que una banda de mariachis empezó a sonar por los altavoces cuando me despertaba aquella mañana. Lo juro, esto fue un detalle grandísimo de una de mis amigas doctoras. Luego muchos regalos fueron apareciendo por mi habitación, que era una burbuja vetada al tráfico de personas pero no al de objetos: postales, libros, camisetas, mensajes de texto, vídeos super divertidos. Tuve hasta gorritos de fiesta y helados de esos de un cohete que tanto me gustan. Aquí el documento gráfico:

    Capítulo quinto: La vuelta a casa

    Y finalmente, un buen día me dieron el alta. Estaba consumida, tanto física como emocionalmente. Lloraba por cualquier cosa, había perdido diez kilos. Pero estaba en casa, por fin: Ya había pasado lo peor.
    Y aún así os digo, y lo digo totalmente en serio: Preferiría mil veces que mañana me diagnosticaran una recaída completa, empezar todo desde cero, repetir estos nueve meses de tratamiento bestial, antes que ser diagnosticada de cualquier enfermedad del coco.

    Las enfermedades mentales están altamente infravaloradas: ¿Por qué? Porque el coco, amigos míos, es tu único aliado y tu mejor arma para superar una enfermedad. Entonces, si es eso lo que te falla, ¿cómo salir del bucle? Estás indefenso. Te han comido a la reina. No se me ocurre nada peor que padecer una enfermedad mental: aquí sí que se difumina tu identidad, tu fuerza, tus recursos, tu “lo que hay”. Olvídate de ser fan de nada.

    Sigo con aquello que decía mi abuelo Rafael de que “las peores enfermedades son las que van debajo de la boina”, no sé si era de su autoría, pero creo que es una gran verdad. Una afirmación que, tristemente, la sociedad no comparte. A los enfermos por depresión se les toma siempre por el pito del sereno, pensando que son unos vagos o qué sé yo. NO, perdonen. La depresión es una de las peores cosas que le puede pasar a alguien, que te anula como persona y distorsiona tu personalidad.

    Hace poco una buena amiga me contó la razón de un bache depresivo que tuvo. Es una historia triste, de violencia de género de manual. Pues bien, chicos, hoy voy a daros mi opinión personal sobre la violencia de género y cómo gestionarla. Es una opinión controvertida, aviso.

    Yo creo que el Estado debe por supuesto ofrecer protección a la violencia machista. No creo en los casos de violencia física a la inversa, lo siento. O puede que se den, sí, igual uno entre un millón. Porque la mujer es en general menos fuerte, alta y musculada que el hombre. Un hombre le puede, o eso suele ocurrir. Sí he conocido en cambio hombres pisoteados psicológicamente por sus parejas. Pero esa es otra cuestión.

    La cosa es que yo, como mujer y como Rosa Lombas, no escogería la opción de llamar a Papá Estado para que arregle mi problema de violencia de género. A mí me gusta lavar los trapos sucios en casa, you know? No digo que esto sea lo correcto, digo que es mi elección, mi capricho como persona a la que no le gusta meterse en saraos legales y que además resulta que es tan independiente como cabezota. En palabras de mi madre: necia como un arao. 

    Pues bien: mi opción personal sería reaccionar al acoso con violencia. Sí, chicos. Si un hombre me está acosando y haciendo la vida imposible, yo cojo el cuchillo más heavy metal que encuentre y le digo: Mira chaval. Así no puedo vivir. Con lo cual sigue con este acoso y te voy a cortar los huevos. Vas a morir desangrado y con dolor, y yo asumiré con gusto las consecuencias. Quizá la justicia me ampare, quizás no. Pero esto que me estás haciendo no puede continuar, y una simple denuncia no va a arreglar las cosas. Tú seguirás existiendo y yo viviré sabiendo que puedes volver a mi vida y repetir esta historia. Pues no, prefiero matarte. Y si ingreso en prisión, me da igual: mi vida estaba torcida de todas maneras, gracias a tu acoso, a tu violencia, a tu gran desfachatez. No quiero matarte, no quiero ni hacerte daño. Pero lo tengo que hacer, porque como dice mi madre: la caridad bien entendida empieza por uno mismo. Y tú, maromo indecente, no me estás dejando vivir.

    Esto es lo que yo, que peso 45 kilos y mido 1,58, haría en mi mundo ideal. Y lo haría, porque el maltratador muchas veces es en verdad un cobarde que no sabe reaccionar cuando se le paga con la misma moneda. Otras veces, por desgracia, sí lo hace, y mata mujeres. Se matan mujeres a puñados, es indignante. Sólo en 2016 y en España, ya van 43 mujeres asesinadas a día de hoy lunes 19 de diciembre. Por eso Estado, apóyanos, pero también edúcanos para ser autosuficientes. Puede fomentarse el entrenamiento en autodefensa, quizás aliñado con algún consejo psicológico para detectar cuándo hay maltrato, yo qué sé. Pero basta de tanto paternalismo, por favor. Los lacitos morados no van a resolver nada, los anuncios y pósters que veo el día de la mujer trabajadora tampoco son para echarse muchas flores (en mi opinión son en general bastante cutres, con mensajes que van de lo rancio a lo ofensivo). Basta de lacitos. ¿Tú crees que a alguien le importa un comino un lacito? A mí sólo me importa si lleva un pin y me va a romper la blusa si me lo enchufan a bocajarro por la calle, y soy mujer. Ahora piensa en si eres un marulo de 1,80. El lacito se lo va a poner Rita, me parece a mí. 

    El Almirante suele decir que si tuviera una hija, lo primero que haría como padre es apuntarla a clases de krav magá, combate de contacto que es el sistema oficial de lucha y defensa personal de las fuerzas de Defensa y Seguridad israelíes. Esto no nos ayudará frente a la violencia psicológica, que es por desgracia donde empieza todo y de donde más difícil se sale, pero al menos puede evitar que nos maten físicamente.

     

    Capítulo quinto: La vuelta a casa

     

    Por otra parte, ¿qué le pido yo al Estado? Pues le pido, lo primero, una buena cobertura sanitaria (gracias, gracias, gracias, gracias) que hasta ahora me ha dado más que sobradamente. Después, educación pública de calidad, Universidad incluida por supuesto, y por último una seguridad tanto internacional como ciudadana que no interfiera demasiado en las libertades individuales. Que no me atraquen por la calle pero que la poli me respete y me deje en paz, algo así. Y ya. Creo que voy a ir escribiendo la carta: Querido papá Estado, para el 2017 puedes ahorrarte todo eso del incienso, la mirra y lo otro (ah! que era oro, no espera entonces eso sí, que no nos viene mal). Deja el oro ahí donde estaba. Este año te pido estas tres cosas... P.D.: Eso, y que por favor dejes de estar controlado por políticos corruptos. No queremos que nos toquen los lingotes. Queremos que los inviertan en el bienestar de los ciudadanos y en salir de esta crisis de una vez por todas. 

    Pero dejo de daros la chapa con mis ideas políticas, que no os quiero tampoco aburrir. Continúo con mi vuelta a casa y os paso unas fotos morbosas de esas que os gustan, ¿mejor así? Esta soy yo pesando 42 kilos después de mi trasplante.  

    Capítulo quinto: La vuelta a casa

     

    Y esta soy yo ahora, feliz como una perdiz, tocando fatal la guitarra y con un cortisonazo del quince:

     

    Capítulo quinto: La vuelta a casa

    https://www.youtube.com/watch?v=SguKq1jNeaU

    Sí amigos, ¡estoy oficialmente curada! El trasplante ha sido un éxito. No podía ser de otra manera con la médula de Will Shatner operando desde mi sistema inmune.

    Tuve un pequeño ICH (injerto contra huésped) y por eso me dieron cortisona, pero está todo controlado. Y este es el motivo de mi actual estado de porra. Tengo un cuerpecillo delgado coronado por esta cara de luna que me causa la medicación. Voy bajando la dosis, pero hay mofletes para rato.

    Eso sí, estoy deseando recuperar mi culo gordo de siempre. Ahora lo echo de menos, quién me lo iba a decir. Era un culo estupendo.

     

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