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Rosa Lombas

Me llamo Rosa Lombas, tengo 26 años y soy de Oviedo. Me gustan la ciencia ficción, el feminismo y la música rock. Estudié filosofía, así que no tengo un oficio definido. En marzo de 2016 me diagnosticaron leucemia. Ingresé entonces en el HUCA, desde donde escribo este blog.

Sobre este blog de Salud

Leucemia con humor


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  • 18
    Noviembre
    2016

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    Oviedo
    salud

    Relato de mi trasplante y posterior metamorfosis en porra

    Una historia por capítulos

     

    Hola, soy una porra. Nunca antes había tenido semejante pinta de porra. Sí, me estoy refiriendo a esos dulces que constan de una bola de caramelo adherida a un palo. Lo sé, ha pasado mucho tiempo desde que no actualizo mi blog y ahora os vengo con esta noticia tan inquietante. Que no cunda el pánico: os contaré la historia de mi trasplante de médula, y de cómo este derivó en mi metamorfosis en porra. Es una larga historia, así que os la contaré por capítulos. Espero que os guste.

     Relato de mi trasplante y posterior metamorfosis en porra

     

    Capítulo Primero

     

    Oviedo. El soleado mes de Julio de 2016 (tuvimos un verano bastante bueno, o eso creí intuir desde mis dominios, que no desde la playa) se preparaba para cederle el testigo a Agosto, al que se venía venir a lo lejos sudoroso y henchido de promesas de sol, playa y aberrantes fiestas de prao. En este contexto, una cerda muy rosada se rebozaba llenándose el hocico con los últimos coletazos de su propio verano, disfrutando de las visitas de los que viven fuera, comiendo cachopos, grabando vídeos y Torpedos Rojos con el Almirante (http://www.ivoox.com/escuchar-torpedo-rojo_nq_31892_1.html) y ANTE TODO NO entrando en INSTAGRAM a ver vuestras fotos de calas de agua cristalina, bikini bodies y cañas al sol. Me vengaré, por supuesto.

    Pero no me puedo quejar, en verdad hice un buen acopio de grandes momentos y diversión, rodeada de la mejor compañía. Me cargué de energía positiva y me mentalicé para afrontar lo que Agosto me tenía reservado: mi ingreso en completo aislamiento para someterme al proceso que conocemos como Trasplante de Médula. Cuarenta días aproximadamente, en aislamiento total, en los que recibiría un tratamiento de quimio y radioterapia descrito sin ningún disimulo por los médicos como “La Bomba Atómica”. Un tratamiento tan caro carísimo como agresivo agresivísimo, para el que no todo el mundo está preparado: Es tan fuerte que si tienes más de cuarenta años no puedes acceder a él, y antes de administrártelo, se aseguran por todos los medios de que estás en forma para recibirlo. Te hacen todo tipo de pruebas destinadas a comprobar que todos tus órganos funcionan como un reloj suizo:

    Pruebas respiratorias en las que soplé por extraños y enormes tubos, ecografías varias para ver el estado de todos mis órganos internos;  se aseguraron de que el trombo de mi pierna ya se había disuelto a base de meses de inyecciones de heparina, me miraron de arriba abajo y, finalmente, me dieron el visto bueno.

    Al fin y al cabo, soy una chica joven y lozana que nunca antes había tenido el mínimo susto sanitario. Estaba lista para que me dieran el palizón de mi vida.

    Os juro que no hubiera sido mejor si el tratamiento consistiera en recibir varias veces al día a un equipo de lucha libre aporreándome con todo lujo de mazas medievales y material de oficina hasta dejarme sin dientes.  Pero así son estas cosas: había que dejarlo todo limpio y destruir mi médula por completo para luego “plantar” la nueva, la buena, ¡la del donante!

    De hecho, si el proceso de destrucción por quimio y radio no culmina introduciendo después otra médula nueva, te mueres. Porque tu propia médula ha sido destruida bajo el propósito expreso de que no reaparezca jamás. Tu médula ha muerto, necesitas otra, o palmas.

    Yo tenía otra. Yo lo que tengo es una suerte del copón.

     Relato de mi trasplante y posterior metamorfosis en porra

     

     

    Capítulo Segundo

     

    La fecha de ingreso se aproximaba. El programa sería el siguiente:

    1. Para abrir boca, la introducción en quirófano de otra vía central. Ahora tendría no una sino DOS tetas biónicas, lo único que la nueva no sería en esta ocasión un catéter super duradero y pro y parecido al comunicador de Star Trekk, sino una sencilla incisión bajo la otra clavícula de la que saldría una serie de tubos pensados para meter y sacar substancias por ellos. El resultado: ahora me saldrían cables del pecho a diestro y siniestro, literalmente.
    1. Seis sesiones de radioterapia, a razón de dos al día, una por la mañana y otra por la tarde. La radioterapia sería aplicada en toda la zona del tórax, vuelta y vuelta, por delante y por detrás.
    1. Dos o tres (no me acuerdo) ciclos de quimio. Pero no el sobrecito rosa fosforito del que os había hablado en alguna ocasión, aquella monada tan llevadera. Para nada. No. Con todos ustedes, les presento a Papá Quimio:

    -  A papá Quimio le gustan…

    Los vómitos y hacer retorcerse a la gente como gusanos en un palillo. Vete pidiendo  la palangana.

    -  A papá Quimio NO le gustan…

    Los pelos, en ninguna parte del cuerpo.  Míralo por el lado exótico: si eres una dulce chica como yo, nunca te vas a parecer tanto a Vin Diesel.

     

    Relato de mi trasplante y posterior metamorfosis en porra

     

    1. Dos inyecciones intratecales de esas que te ensartan una aguja que debe ser como las que coronan algunos rascacielos, entre vértebra y vértebra, y ahí te enchufan más quimio. Que no pare la fiesta. 
    1. Una vez completados los puntos 1 a 4, esperar pacientemente a los de la lucha libre. No tardarán en presentarse con un maletín lleno de horrendos efectos secundarios asociados con la quimio y la radio que te acaban de enchufar.

     

    Las primeras dos semanas, por tanto, consistirán en una amalgama de experiencias en torno al tema “Conoce El Sufrimiento Físico”, especialmente concentradas en:

    a)      Vómitos y náuseas (también nivel VIP, nada de aficionados: aquí si no sudas y te retuerces y te pones a cuatro patas tratando de expulsar de tu cuerpo algo verde o si se prefiere ya directamente rojo, no eres nadie).

    b)      Diarrea. Un consejo: libera tu mente y olvídate de que algún día fuiste capaz de controlar lo que te salía del culo. Eres un bebé de nuevo.

    c)      Mucositis. Ese cachondo proceso en el que Papá Quimio retira con cuidado toda mucosa que alguna vez cubriera el tramo que va desde tu boca hasta el mentado ano, dejándote por dentro como en carne viva. Sin el como, en verdad. Tendrás llagas en las llagas y lo que piensas que es una flema que te obstruye la garganta es en verdad un cacho de carne de tu propia garganta que acabas expulsando para descubrir ante ti lo que parece una fresa mordisqueada y sanguinolenta. Tengo fotos muy majas de mis vómitos de mucositis. Consisten en palanganas llenas de un rojo bermellón divino, con alguna veta verde para dar contraste y tropezones para la textura. Algo así como un cuadro de Jackson Pollock derretido en un bol.  Papá Quimio es un esteta, en el fondo. Observa siempre unos patrones estéticos muy rigurosos.

     

    1. En algún punto entre todo esto, un ángel con bata blanca, o dos, que serán una pareja de enfermeros[1], llegarán para entregarte el regalo de tu vida. Ese será el día de tu trasplante. Puedes respirar tranquilo, ya no vas a morir porque los de la lucha libre se hayan ido sin dejarte nada a cambio. Tu nueva médula te es administrada y es un momento de alivio, felicidad, y profundo agradecimiento a la  vida, a tu suerte y ante todo a tu DONANTE, el héroe o heroína sin el cual estarías en una situación totalmente distinta y peor y mucho, mucho más seria: enfrentándote a la idea de la muerte.  GRACIAS, DONANTES DE MÉDULA DEL MUNDO. Lector, si puedes, hazte donante. Hacen falta donantes y médulas, no todo el mundo tiene la suerte de una servidora. Aquí te explican cómo: http://www.fcarreras.org/es/donamedula.

     

    1. El resto de la estancia consiste en sobrevivir a los efectos secundarios descritos, que duran lo que les apetece -más o menos hasta la penúltima semana-; ir cogiendo fuerzas y esperar pacientemente a que te dejen volver a tu casa. No desearás jamás tan ardientemente volver a TU CASA. ¿Os acordáis de aquella ingenua Rosa Lombas que amaba la cama robot del hospital? Not anymore, chicos. Quiero permanecer alejada de esa cama plasticosa y maquiavélica hasta el fin de mis días, amén Jesús. Y en verdad esta es básicamente mi primera y mayor aspiración en la vida: mantenerme lejos, a mil millas, lejisimísimos de esas camas. Que le hagan su buen servicio a otro, o mejor, a nadie.

     

    Eso indicaría que nadie las necesita y estamos todos campando a nuestras anchas y disfrutando de nuestros colchones y sábanas, felizmente impregnados en nuestro propio olor corporal.

    Pero a esta historia todavía le queda un poco para el punto de la vuelta a casa. Tendréis que esperar al próximo capítulo…

     Relato de mi trasplante y posterior metamorfosis en porra

     

    [1] Todo el personal, y digo TODO, desde limpiadoras hasta el más reputado doctor, son ángeles celestiales surgidos de un rayo de luz divina que van a desvivirse por hacer tu trasplante lo más llevadero posible. Los adoro a todos y no podría estar más agradecida por tener en Oviedo a un equipo de personas tan increíble, eficiente y adorable en todo en general.

     

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