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Hay que ser fan de lo que hay
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Rosa Lombas

Me llamo Rosa Lombas, tengo 26 años y soy de Oviedo. Me gustan la ciencia ficción, el feminismo y la música rock. Estudié filosofía, así que no tengo un oficio definido. En marzo de 2016 me diagnosticaron leucemia. Ingresé entonces en el HUCA, desde donde escribo este blog.

Sobre este blog de Salud

Leucemia con humor


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  • 11
    Abril
    2016

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    Oviedo salud Filosofía

    Rudolf el reno y Paulo Coelho

     

    Hay un conocido sketch en la serie Padre de Familia en el que Rudolf, el reno de la nariz roja que guía el trineo de Santa Claus, va a hacerse un chequeo médico. La escena transcurre así:

    Doctor:   Bien Rudolf, por fin sabemos por qué tienes la nariz roja.

    Rudolf:   ¿Por el polvo mágico? ¿O por las colas de duendes?

    Doctor:   No, es un tumor.

    Rudolf:   ¿Se refiere a un tumor mágico de Navidad?

    Doctor:  No, un tumor maligno. Con su base incrustada en lo más hondo de tu cerebro.

    Rudolf:   Oh. ¿Como un feliz y especial…?

    Doctor:   Vas a morir.

     

    Hace poco me encontré con la siguiente imagen en las redes sociales, y aparte de reírme un rato, pensé que Paulo Coelho es un poco como el Rudolf de Padre de Familia, y Poe como el doctor.  

     Rudolf el reno y Paulo Coelho

    Que conste que no tengo nada en contra de ninguno de los dos, sólo es una idea que me hizo gracia. Y así dándole al tarro y haciendo un poco de autocrítica, pensé: “esto de hay que ser fan de lo que hay suena igual un poco Coelho, ¿no?” y bueno, he de confesar que, todos mis respetos mediante al señor Coelho y sus seguidores, nada hay más lejos de mis intenciones que parecerme a Paulo, diosa me libre. Me pareció oportuno entonces dedicar esta entrada a explicar el origen del Proverbio de Prim.

    Prim, o Pablo Baixauli, no es, a pesar de que ha generado un buen acervo de sabios proverbios  contemporáneos, un escritor o un filósofo. Pablo Baixauli es un artista. En concreto, es un estilista, y muy reputado por cierto. Es por tanto un esteta cuyos materiales son las tijeras, la maquinilla y el cabello humano. Recorre Europa haciendo obras de arte en las cabezas de la peña. Si pasáis por Valencia podéis encontrarle en Albana Hair Club  haciendo virguerías como éstas que veis en la foto. 

    Rudolf el reno y Paulo Coelho

    ¿Qué significa esto? Que a Prim le pierde la estética, la pinta que tienen las cosas. Por eso acuñó la frase “hay que ser fan de lo que hay” siendo él mismo una persona que en la vida le diría a nadie lo que tiene o no tiene que hacer. En realidad él hubiera dicho algo como “puedes ser fan de lo que hay”, pero no nos engañemos, esto suena a anuncio de pastillas para adelgazar y un poco a Coelho también. El imperativo “hay que”, en cambio, queda muy redondo cuando al final se le pone eso de “lo que hay”, como un círculo que se cierra o uno de esos nombres bonitos que se leen igual en las dos direcciones.

    Prim escogió así una frase un tanto oscura llevado por su amor al arte, pero a diferencia de sus predecesores los presocráticos, la argumentación de Prim se conserva en la actualidad plenamente documentada, por lo que podemos contarla aquí mismo con sus palabras sin echar mano de ninguna sesuda hermenéutica. La cosa es así:

    Te levantas de la siesta el típico domingo de resaca. Tiendas cerradas, invierno, el Offlicence o chino de la esquina más cercano se antoja a dos días de viaje en carromato. Te mueres de hambre pero tienes la tarjeta de crédito temblando después de la juerga de anoche, vamos a ser austeros y a mover el culo a la cocina a ver de qué disponemos para llenarnos el buche. Abres entonces la nevera y ésta revela un panorama desolador: Dos salchichas Campofrío y un paquete empezado de tranchetes contemplan el proceso de fosilización de ese medio limón que al final nunca usaste para nada. En este escenario, se oye una voz de macarra valenciano: es el Prim.

    -Bueno, esto es lo que hay, ¿no? ¿Hay otra cosa? ¡No! ¿Hay algo mejor? ¡No! Pues lo que hay es de puta madre tronco.

    Pero no os creáis que el Prim coge las salchichas y los tranchetes y los mete tristemente en el microondas. El Prim es un ser creativo y, una vez conoce sus recursos, se pone a crear: corta las salchichas en plan finolis, busca algo de harina que habrá en algún cajón, algo de agua y aceite y se hace una masa de pan. Le pone los tranchetes y se curra unos bollitos de queso y salchicha de chuparse los dedos. Después lo emplata, espolvorea por encima alguna que otra especia, le echa un chorro de esa salsa de soja que vive en el armario de en medio, y queda un resultado final que podría figurar en la carta de El Bulli.

    ¿Qué haría, en cambio, Paulo Coelho? Yo creo que, en la misma situación, Coelho tiraría de microondas. Eso sí, posiblemente se comería su cutre y frugal merienda sentado en la posición del loto y muy despacito, concentrando el poder de su mente en la idea de que cada bocado de esa bazofia le está de hecho transportando a un mañana de luz y color. Posiblemente después colgaría el paquete vacío de tranchetes en la pared para rezarle alguna plegaria por las mañanas después del saludo al sol, creyendo firmemente en que el nuevo día traerá una marca de queso de calidad superior.

    Y en mi opinión, aunque no es mi opción, Coelho haría bien. A mí me parece muy respetable, lo mismo que coger la salchicha cruda y comérsela llorando agazapado en el rincón más oscuro del cuarto de baño. Cada uno tiene su sistema, y yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer siempre que respeten a los demás al hacerlo.

    La frase “hay que ser fan de lo que hay”, por tanto, es un poco engañosa. Pero me da igual, porque, como el tipo que flotaba en la piscina del Gran Lebowski, soy una nihilista. Y ya lo decía el Nota: “Eso debe ser agotador”. Por tanto, estas son todas las explicaciones que daré sobre mi filosofía personal. A partir de aquí, me limitaré a citar a Marx, Groucho: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

    Y ya para terminar de marear la perdiz ideológica, os dejo con este vídeo en el que me rapo la cabeza en plan skinhead. ¡Fiesta!

     

    Rudolf el reno y Paulo Coelho

     

     

     

     

     

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