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Nacho Miguel

Miguel López Serrano y Nacho Azparren, periodistas de La Nueva España, son los encargados de escribir sobre todo lo que acontezca en la cita mundialista.

Sobre este blog de Deportes

Moacir Barbosa Nascimento (27 de marzo de 1921- 7 de abril de 2000) fue, posiblemente, la primera gran víctima de la pasión desmedida en el fútbol. Él era el encargado de defender la meta brasileña en el Maracanazo, la sorprendente victoria de Uruguay en la final de 1950. En 1994, días antes de la d...


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  • 22
    Junio
    2014

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    La fe de Klose

    Miroslav Klose es de esos futbolistas que se asocian antes a su selección que a sus equipos, que suelen estar de moda cada dos años, cuando toca Eurocopa o Mundial. No es que nada se sepa de él entre medias, porque ha metido un porrón de goles en los equipos que ha estado, pero uno no le imagina tanto con la camiseta del Lazio, su actual club, como con la de Alemania.

     

    Klose lleva asomándose a estos torneos de forma ininterrumpida desde 2002, tres Eurocopas y (con éste) cuatro Mundiales, doce años figurando en las porras de máximo goleador. Y en Brasil, en su última cita, ya hizo lo que tenía que hacer, que en realidad es lo que lleva haciendo siempre: meter un gol. Su gol número 15, el que le distingue, junto a Ronaldo Nazario, como máximo anotador de la historia de los Mundiales.

     

    Klose, en realidad, no es alemán sino polaco. Nació en un Opole, una ciudad de fuerte asentamiento germánico, pero se mudó pronto a Alemania. Cuentan que durante su infancia lo pasó mal para hacer amigos por no hablar el idioma. Así que se refugió en la pelota: “Fue mi salvación. Al salir de la escuela, dejaba la mochila en una esquina y pensaba en la pelota. Siempre era un poco mejor que los demás, así que me escogían primero cuando había que formar equipos. Así fue como comencé a integrarme y a hacer los primeros amigos”, aseguró en una entrevista.

     

    Klose siempre habló polaco en casa. De hecho, con su mujer (también de origen polaco) y sus dos hijos gemelos sigue manteniendo esa tradición. Fue deportista casi porque le correspondía: su madre llegó a ser una destacada jugadora de balonmano de la selección de Polonia y su padre un conocido futbolista del Opole, primero, y del Auxerre francés, después. Y la saga continúa: sus dos hijos de nueve años son delanteros en las categorías inferiores del Lazio.

     

    Ariete gigante y fortachón camino de los cuarenta, de intuición insuperable,  lleva una vida privada ordenada y tiene una fuerte convicción católica. En 2012, fue recibido por el antiguo Papa Benedicto XVI. No se le conocen líos ni en el campo ni fuera de él.

     

    Al contrario. Un día, durante un partido de la Bundesliga en 2004, Klose resbaló en el área y el árbitro señaló penalti. El delantero, al percatarse, fue a decirle al colegiado que se había caído, que no lo pitara. El árbitro no dio marcha atrás y Klose falló el penalti a propósito, lo que le valió el premio “Fair Play” de la liga alemana.

     

    Ahora, en el epílogo de su carrera, mantiene la misma fe. El otro día salió desde el banquillo y volvió a ser decisivo. Hizo lo de siempre: estar en el lugar oportuno en el momento preciso. Y gol.

     

    Miguel L. Serrano.

     

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