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Toño Suárez

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  • 24
    Febrero
    2017

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    Oviedo Deportes golpe de estado Cuentame trabajo basura Premier League

    A la mañana siguiente

    La mañana siguiente al 23 de febrero de 1981, las distintas generaciones de españoles que habíamos vivido el intento de golpe de estado en primera persona, nos levantamos envueltos en la misma sensación incómoda: mucho de miedo, más de incertidumbre y la certeza, la única, de no entender absolutamente nada ni de lo que estaba pasando ni de la verdadera magnitud de lo que en el día anterior había sucedido: los pequeños, inquietos por el desconcierto que veían en sus padres, siempre firmes pero erráticos aquella mañana, ellos con el terror en el cuerpo al volver a vislumbrar en el horizonte lo malo conocido y los abuelos con la camisa que no les llegaba al cuello recordando el 36 y vaticinando lo que iba a suceder a no mucho tardar: ver por televisión los tanque por las calles de Valencia era un buen argumento para ello.

    Nota mental: tengo que dejar de ver Cuéntame con carácter inmediato.

    Trenta y seis años después, las distintas generaciones que habíamos vivido el 23 de febrero de 2017 nos levantamos cansados, muy cansados de toda la mierda que nos rodeaba, de la corrupción, de los políticos, de los empresarios, de los trabajos basura, de los impuestos que nos ahogan, incapaces de conciliar la vida familiar con la laboral, alejándonos cada día más de nuestros hijos y con la certeza, hecha confirmación por enésima vez, de que la justicia no es la misma para los ricos que para los pobres: la balanza de la verdad desequilibrada y la venda de los ojos, la objetividad, ligeramente levantada para poder mirar de soslayo cuando sea menester: robe a manos llenas y pase a fichar por su país de residencia en el juzgado más próximo los primeros de mes, si le viene bien por supuesto.

    A la mañana siguiente

    La mañana siguiente al 23 de febrero, Leicester, la ciudad que jugaba al rugby, se levantó una mañana siendo el epicentro del futbol mundial al haberse llevado de calle un campeonato exigente como la Premier League, de la mano de un puñado de jugadores desconocidos, de descartes de otros equipos, de recortes dirigidos por un entrenador italiano, un veterano de guerra de serie media que había entrenado a grandes conjuntos de Europa siempre con resultados bastante discretos. La gesta fue tal que, a principio de temporada, las casas de apuestas británicas pagaban menos por encontrar pruebas de la existencia del monstruo del Lago Ness que por la victoria de los Foxes en la liga, según nos relata Illie Oleart en su libro “¡Dilly-ding, dilly-dong!”: Leicester City, el triunfo más improbable del fútbol inglés.

    Se desató la locura en torno al equipo y su gesta: atención de los medios de comunicación, premios, reconocimientos y miles de aficionados recién llegados a sus filas desde cualquier parte del planeta que ni siquiera sabían pronunciar correctamente su nombre pero que aprovecharon que el pescante del carro estaba bajado para subirse al éxito fácil. Nada nuevo. Pocos meses después, con el equipo rozando puestos de descenso y clasificado para octavos de final de Champions League, Claudio Ranieri, el entrenador que ascendió al equipo a las estrellas es destituido de su puesto por malos resultados.

    Dicen las coletillas del mundo del futbol que este deporte no tiene memoria y que un profesional vale tanto como lo que haya hecho en su último partido. Yo creo que el futbol es una cloaca que ya no respeta ni a profesionales ni a aficionados y que solo atiende a razones particulares y a querencias puntuales de personajes que pasaban por allí y que se hicieron con las riendas de equipos de futbol por capricho, por aburrimiento, por avaricia. El único reducto puro que nos quedaba, con propietarios de la casa, comprometidos con proyectos a largo plazo y amantes de su club y defensores de lo que significaban para millones de personas era Inglaterra; pero el mito también se nos está viniendo abajo. Ya no hay refugio.

    Y si ya no te queda ni la Premier para creer: ¿qué coño estamos haciendo aquí?

     

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