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Toño Suárez

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  • 17
    Marzo
    2016

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    Oviedo Deportes

    EL GATO DE CHESHIRE

    Sentado a contraluz, rebobinando una cinta de cassete con un lápiz, me sorprendí pensando en deseos incumplidos. Me sobresalté. Igual había llegado ya ese momento en el que tienes que empezar a poner todas tus cosas en orden, esa mañana en la que te plantas delante del espejo y te preguntas si lo que vas a hacer hoy es realmente lo que desearías hacer si fuera el último día de tu vida. O quizá fuera el repentino chasquido, seco y estruendosamente sordo que sentí en mi mano: había llegado el momento de rebobinar la cinta para el otro lado. Me tranquilicé.

    Coincidiendo con el partido de Champions League que el pasado martes disputaban en Madrid el Atlético y el PSV Eindhoven, nos sorprendió una imagen que se convirtió en viral en pocos segundos y que se desarrolló en plena Plaza Mayor. La escena: un centenar de aficionados holandeses tirando monedas al suelo a un puñado de mujeres, que pedían limosna en aquel momento, agachándose, humilladas, a recogerlas. Gritos de “olé” entre los aficionados cada vez que ellas se hacían con una, entre risas, cerveza y smartphones inmortalizando el evento. Pocos días después, un grupo de aficionados del Sparta de Praga que paseaban por Roma a la espera de que comenzara el partido que disputaba su equipo frenta a la Lazio, rodeaba a una mendiga poco antes de que uno de ellos comenzara a orinar sobre la mujer, según se explicaba, vídeo incluído, en la web del diario El País.

    EL GATO DE CHESHIRE

    Cuando pensábamos que ya habíamos llegado a los cimientos de las miseria humana, descubrimos que siempre hay otro piso inferior que nos degrada todavía un poco más. Poco tiempo atrás y también disfrazados de aficionados al fútbol, unos ultras del Feyenord arrasaban y sembraban el caos en la ciudad eterna, previo a un encuentro de Europa League que su equipo disputaba frente a la Roma. Cuando creíamos desterrada por fin la imagen de la violencia en el futbol encarnada en los hooligans ingleses que sembraban el terror allí por donde pasaban en la década de los 80 nos topamos con la realidad de que ahora ya no solo se aniquilan ciudades. ¿Se remueven conciencias al menos?

    Sentado a contraluz, rebobinando una cinta de cassette con un lápiz, me vi en El País de las Maravillas, un sitio engañosamente creado para niños ya que atesora una carga filosófica enorme, que lo convierte en una larga reflexión para adultos. Un lugar en donde se puede aparecer y desaparecer a antojo, donde no te pueden cortar la cabeza si solo hay cuerpo. Un lugar donde te puedes evaporar dejando solo constancia de tu sonrisa. Al menos, los gatos.

    Pensé que género humano siempre podía acabar haciéndole caso al Gato de Cheshire, como cuando Alicia le preguntó qué camino debía seguir; él le respondió que eso dependía de a dónde quisiera llegar pero, que si no le importaba a dónde iba, tampoco importaba mucho el camino que tomara. Inteligente gato, ¿verdad? El sentido de la vida resuelto en un cuento para niños. Nos pasamos nuestra existencia dando bandazos, intentando encontrar el camino que nos guie aunque no sepamos muy bien hacia donde queremos dirigirnos. El camino hacia ninguna parte.

    EL GATO DE CHESHIRE

    ¿Qué camino deberíamos elegir?

    “A Alicia le pareció que aquello no tenía vuelta de hoja y decidió hacer otra pregunta: ¿Qué clase de gente vive por aquí?”.

    “En esa dirección- dijo el gato, haciendo un gesto con la pata derecha- vive un Sombrerero. Y en ésta dirección-e hizo un gesto con la otra pata- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos”.

    Tenemos planteada una encrucijada y, como casi siempre, de difícil solución. Quizá ya sea demasiado tarde para regenerarnos aunque espero que aún estemos a tiempo para encontrar una respuesta convincente a la pregunta, de redirigirnos, con un poco de calma, sosegados. Debemos elegir.

    Sentado a contraluz, rebobinando una cinta de cassette con un lápiz, pensé que no quería visitar al Sombrerero Loco porque ya había visto muchos en mi vida. “La Liebre de Marzo será mucho más interesante. Y, además, como estamos en Mayo, quizá ya no esté loca…o al menos no tanto como en Marzo”.

    He visto muchas veces un gato sin sonrisa pero una sonrisa sin gato es la cosa más rara que he visto en mi vida.

     

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