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Toño Suárez

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  • 02
    Febrero
    2017

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    Oviedo Deportes

    Mercado de invierno, territorio minado

    El mercado de invierno ha cerrado sus puertas por fin de existencias justo hasta el siguiente brote de histeria post desastrosa planificación veraniega de inicio de la próxima campaña. El negocio de incorporación a filas de nuevos talentos, de talentos usados o de talentos a secas para engrosar las filas de los equipos de fútbol no descansa. Los directores deportivos de los equipos que transitan por la Liga con las piernas arqueadas y el andar errático tras un inicio de liga francamente mejorable, se agolparán nuevamente frente a los escaparates de la pastelería, sin un euro en el bolsillo, incapaces siquiera de imaginarse como sabrán los merengues más sabrosos de la exposición pero con la esperanza de que, al menos, les dejen chupar la vidriera del escaparate.

    Mientras tanto esperaran con cara de pena, poniéndole ojitos al representante pastelero de turno para que les abra la puerta del obrador a ver si es posible encontrar, en el cajón de series medias, esa ganga imposible de encontrar y que les salve el culo frente a su Consejo de Administración, lo primordial, y luego, si eso, que haga recuperar al equipo el paso esbelto y elegante perdido en la competición nacional por los imponderables, que es ahora como se denomina en algunos círculos selectos a la incompetencia manifiesta, flagrante y reiterativa. En mi pueblo son menos finos con los términos pero más certeros con los diagnósticos. Será que ya han visto tantas veces la película que se pasan los imponderables por lo que viene siendo el arco del triunfo.

    Mercado de invierno, territorio minado

    Mi teoría particular sobre la horquilla del mercado de invierno es que se la han inventado los grandes almacenes, como te lo cuento; quizá los recuerden por otros grandes éxitos como San Valentín, el puto amigo invisible, el día del padre, el de la madre (que debería ser el día de los abuelos, esos ángeles imprescindibles), el Black Friday, los espacios outlet y los creadores de esa figura eléctrica que nos azuza sin descanso desde que ponemos el pie en la moqueta del local, esa clase de dependiente que, te perpetres la prenda que te perpetres, siempre te va a decir que el diseñador taiwanés que lo cosió en un tiempo record por tres duros la hora la hizo pensando en ti: y lo dice con una seguridad y un aplomo tal que logra que tus convicciones más profundas se tambaleen en su presencia, quemando la tarjeta de crédito en su honor por tamaña exhibición. Un espectáculo mayúsculo, homérico.

    Los refuerzos invernales sirven para poco, no nos engañemos: puede funcionar uno casi sin querer, de vez en cuando, a lo mejor, de puntillas….; pero, básicamente, son carne de pescuezo; y no por la calidad, el empeño o la profesionalidad del jugador sino porque las urgencias con las que recalan en los equipos son tan enormes que no las solventa ni George Clooney con un Nespresso Volluto en una mano y la más más exuberante de sus sonrisas en su rostro.

    Y lo gracioso del asunto es que, con lo desembolsado por los trece que trajiste en verano más los tres que te endosaron en invierno, hubieras mantenido la base del equipo que te hizo soñar de nuevo con tiempos pasados, siempre mejores aunque, curiosamente en este ejemplo elegido al azar, encima es verdad.

    Suerte a los nominados y que acertemos: después de todo, aquí hemos venido a jugar.

     

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