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Toño Suárez

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  • 06
    Marzo
    2017

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    Oviedo
    Deportes

    Nos engañaron con la primavera

    Cuanto más deprimidos nos encontramos más lacrimógenas son las canciones en las que nos refugiamos, los que lo hacemos en la música, para pasar nuestro periodo de angustia lo más martirizados posible; si ya tenemos poco con nuestras penas acudimos a retozarnos en las de los demás, con ánimo de empatizar más que de reconfortarnos en el mal de muchos consuelo de tontos, algo tan nuestro como la corrupción o simular un penalti. En mi último episodio de autocompasión me apoyé, hecho un ovillo sobre la alfombra, en Lloyd Cole con todos sus Commotions cantándome bajito Never End, haciendo una pequeña parada en el Do it Clean de Echo and the Bunnymen y acabando, sin saber muy bien por qué, refugiado en el Sandinista! de The Clash, el Lp menos punki de los más punkis. Así que o bien no entendí las instrucciones de comportamiento del buen deprimido o el brote de autocompasión era menos severo de lo que parecía en primera instancia.

    Nos engañaron con la primavera

    El aficionado al fútbol anda cariacontecido, perdido, sin rumbo y en el lodo, un estado de ánimo que iguala al poderoso con el humilde, eso sí. La primavera se aproxima, el fin de temporada está llegando más rápido de lo que hubiéramos querido, el equipo de nuestras entretelas nos abofetea un domingo sí y otro también con desprecio e indolencia y las orejas del lobo asoman por lontananza, grumetillos. La serie b se acerca y los que os prometieron un despegue sin retorno estrellarán, una vez más, el coche nuevo de papá contra su incompetencia; el siniestro será total aunque las consecuencias sean mínimas tras la debacle mientras las fuerzas vivas del entorno sigan riéndole las trastadas al piloto traviesillo y papi, hábil y taimado, comience a ofrecer carnaza al populacho para entretenerle y hacerle olvidar prioridades hasta que el circo comience de nuevo. Y así veintitantos años de sesión continua.

    La parálisis es permanente y la decencia verde, aunque a esta ya se la comió un burro hace tiempo; ni el opio es ya del pueblo aunque nos sigan engañando con la primavera.

     

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